Sigo en la onda prospectiva. Una lectora pregunta por la expresión que titula este artículo. Y por su conexión –difícil, según ella- con la toma de decisiones. Respondo a lo último: la simultaneidad del manejo del diagnóstico, el propósito (objeto de naturaleza prospectiva) y el plan, siempre en tiempo presente, no oculta que uno refleja lo actual; otro, el futuro deseado y el último, el paso del presente a ese futuro.
Respondo lo primero: la expresión retrata el quid de la prospectiva, en nuestra aproximación. La disciplina no vale por permitirnos conocer lo posible (enfoque dominante en Europa continental y Latinoamérica), sino por permitirnos crear lo deseado. No es cualquier diferencia.
Voy a un ejemplo, muy en la línea de lo que interesa actualmente a mi amigo virtual Miguel Humanés, de www.neg-ocio.com.
Venezuela ofrece un inmenso potencial de negocios, sobre la base de su variada dotación de fortalezas naturales de diverso orden. Eso permite diversos escenarios de complejos productivos integrados o de valor puramente sectorial.
Pero, además, Venezuela ostenta, por su ubicación geográfica y algunas fortalezas infraestructurales, una posición de privilegio para la competitividad en los servicios de transporte y logística internacionales.
Puerto Cabello es el principal puerto del norte de Sudamérica; Maiquetía es un hub aéreo con prestaciones a Sur y Centroamérica; Valencia podría serlo en servicios de carga; el circuito Manaos – Caribe podría ser una salida del Eje Intermodal promovido a partir de Manta, en Ecuador; los tres territorios no hispanoparlantes al oriente de Venezuela (Guyana, Surinam y la Guayana Francesa) no disponen de fluidas conexiones de comunicaciones y transporte con el resto de Sudamérica. Esas son áreas potenciales de oportunidades de negocios.
Pero, siempre el presente poniendo peros, el tiempo actual es de un conjunto de debilidades culturales, políticas, legales e institucionales. Un escenario deseado al respecto –evidentemente, no el único- es el de la conquista de una institucionalidad resultante de un nuevo pacto social nacional proclive a un proyecto nacional exitoso, basado en la apertura de condiciones y el apoyo a una cruzada productiva nacional. El plan al efecto deriva de los dos contenidos específicos de los polos temporales considerados.
Venezuela –liberación de sus ataduras políticas actuales mediante- podría convertirse en un centro regional de servicios, producción y negocios, de calidad mundial. Caracas y Valencia pueden posicionarse como ciudades atractivas a las grandes corporaciones y ejecutivos. Lograr lo que Sao Paulo, Santiago o Panamá: ser capitales regionales de los negocios.
Venezuela podría convertirse pronto y con relativa facilidad, en un centro de servicios portuarios y aeroportuarios de trasbordo definidos por ventajas de localización; actividades industriales y terciarias globales asociadas a esos servicios; disponibilidad de las más promisorias condiciones para una nueva región turística del Caribe; centros urbanos como Caracas, La Guaira, Maracay y Valencia e influencia sobre tres ámbitos geográficos diferentes aunque complementarios: Caribe, Amazonia y Sudamérica. Esos son factores-clave para basar un empuje radical a la economía nacional.
Ese concepto de “centro regional de servicios, producción y negocios” deberíamos explotarlo al máximo. Es más, podría ser nuestro principal objetivo económico nacional para los próximos quince o veinte años.
Eso es, sin la rigurosidad metódica del caso, la anticipación creativa de un futuro. Lo siguiente es proponérselo. Y actuar. |