La expresión entrecomillada del título la escuché hoy. Haciendo caso omiso de su imprecisión, refiere el subterfugio de la “revolución” chavista para deslizar el tipo de cambio, ponerse en unos bolívares más y sustraer circulante del torrente derivado de la macondiana monetización de la economía interna.
La prohibición legal expresa de referirse a la realidad –mencionar la tasa de cambio efectiva- ha llevado a la banca, casas de bolsa, analistas, consumidores y medios a inventar toda una serie de eufemismos para denominar la inocultable verdad: el cambo oficial es sólo un referente administrativo, absolutamente discrecional; por lo demás, sin ninguna relación real con la verdad económica.
Tipo de cambio paralelo, dólar permuta, tasa de cambio implícita, etc., son el valor de cambio a todos los efectos, pero ¡Chávez no ha devaluado! Nuevo método de cálculo; tasa nacional, en vez de sólo metropolitana, etc., pero ¡la inflación está disminuyendo! Y así el “Método Kirchner”, válido para bizcos –que pueden ver dos realidades, aunque haya sólo una- sigue marcando el discurso oficial venezolano.
Resulta que en una cabriola incomprensible si las finanzas públicas venezolanas tuvieran en verdad, ¡otra vez! la bonanza que la información oficial sobre niveles de producción petrolera, el inefable staff económico de Chávez acaba de anunciar que no hay más dólares baratos para automóviles ni alimentos.
Lo concreta con el sinuoso manejo de una operación bursátil de títulos “denominados en dólares de los Estados Unidos de América”, ¡o sea, del odiado imperio!, de hace cuatro días (21 de abril), coordinada por el Deutsche Bank y Barclays Capital, por el monto de 3.000 millones, sospechosamente (a los fines de lo que venimos sosteniendo) destinada en un 50 % exclusivamente “a las empresas pertenecientes al sector productivo nacional”. Y que, de acuerdo a la convocatoria, “podrán ser adquiridos al tipo de cambio oficial de dos bolívares fuertes con quince céntimos (Bs. F. 2,15 = 1,00 USD). ¡Sí, Luis!, como dicen por estos atribulados lares caribeños.
Sobre las consecuencias, comencemos por la referencia a ese Goliat, creación mimada del Pinocho de las finanzas chavistas, el ex ministro Cabezas, mal llamado Bolívar Fuerte. En cuatro meses de vida, su capacidad de compra interna ya ha mermado, en los cálculos privados, en más de un quince por ciento. Y ahora -sólo ahora-, cerca de un cincuenta por ciento en su capacidad de compra externa. Maravillas de las economías controladas administrativamente, que llaman.
Ahora más que nunca, la referencia para las importaciones, entre un 45 y un 70% del consumo nacional, será un dólar encarecido, que abrasará aún más el mermado poder de compra, con especial incidencia en los más pobres, en razón de la desaparición del subsidio cambiario a la comida. En un entorno social y político recalentado –el miércoles pasado hubo tomas y motines en al menos seis estados- es de presumir que sea como leña al fuego y repercuta en la comprometida posición estratégica de Chávez y sus secuaces y afecte las expectativas electorales de sus partidarios.
La banca: ¡bien, gracias! Son “amigos” del régimen. Es una inyección de estimulante, en medio de insistentes rumores sobre su destino. A largo plazo, mayor presión tributaria a una economía y una sociedad bendecidas con diversas fuentes de renta natural.
Y, last but not least, el mercado –¡sí, el denostado mercado!- demostrando quien es el Rey: le toca a él, cosas de esta revolución anticapitalista, definir cuál es el valor del Bolívar Fuerte. |