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Año X - Madrid, viernes 25 de abril de 2008
 
Opinión
 
Mirar a la mesa y luego al campo cubano

Aurelio Pedroso (La Habana)

No alcanzan los dedos de las manos para enumerar los problemas internos y externos que con urgencia debe solucionar -o al menos aliviar-, el Gobierno de Raúl Castro cumplido ya su segundo mes de mandato.

Tal vez, y esa es mi opinión, que en el anular de la derecha vaya, como mandado a hacer, el relacionado con la alimentación.

Esto me recuerda a un colega francés que al finalizar su estancia en Cuba en pleno período especial o crisis escribió un libro donde confesaba que los cubanos sólo teníamos tres problemas: el desayuno, el almuerzo y la comida. Hay que aceptar que le quedó bien el chiste al galo.
Al general Raúl Castro, entonces ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y que con toda seguridad en esas fechas ni pensaba (ni deseaba quizás) ser presidente, le corresponde esa frase concisa ante el Parlamento de que eran “más importantes los frijoles que los cañones”. Que un ministro de Defensa diga algo como eso resulta muy significativo.

Cuba debe importar el 85% de todo lo que se come en la isla. Según datos oficiales, el pasado año se desembolsaron 1.600 millones de dólares (unos 900 millones de euros) en alimentos. Y este año, lo acaba de confirmar Pedro Alvarez, presidente de la estatal Alimport, la cifra será de 1.900. No porque se vaya a aumentar el pedido, sino porque los precios andan sobre los nubes y con ellos los fletes. Desde Asia, por ejemplo, una tonelada de arroz “fletaba” en unos 45 dólares (unos 22 euros) la tonelada. Hoy, se eleva a unos 130 dólares.

Comentó Alvarez a la prensa que nos mantendríamos en los mismos cuatro millones de toneladas de arroz, frijoles, carnes, huevos, leche en polvo y pollos, principalmente.
Y la isla posee más de su mitad de tierra cultivable en estado de ocio, improductiva. No tanto por el embargo gringo, sino por una no muy efectiva política agropecuaria.

En Cuba se ha comenzado a gestar una nueva reforma agraria que para ser realistas aún no anda, sino que gatea y que promete progresar por varias razones. En primer término el sentido de propiedad, el incentivo y el aspecto burocrático a la mínima expresión. Pero hay una de gran importancia: la supervivencia. El propio presidente ha dicho poco importarle que un campesino gane bastante dinero si este es bien habido, alcanzado con su trabajo.

El famoso “rey del ajo”, un agricultor de Guira de Melena, a unos 40 minutos de Ciudad de La Habana, parece que le escuchó e hizo maletas con su familia para pasarse unas noches en el hotel Meliá Cohiba, donde una habitación sencilla no baja de los 180 euros.

Aún los precios a la población resultan bastante elevados. El sistema oferta-demanda no está al alcance de todos y en mayoría la gente acude a los agromercados del Ejército, con precios más asequibles.

Entrega de tierras ociosas, más autonomía a la hora de cosechar, créditos y equipamientos a cooperativas con buenos resultados productivos, miniministros de la agricultura en cada uno de los municipios del país, tiendas especializadas para el campesino y otras medidas más que se están gestando en tan delicados aspectos como el acopio y la comercialización.

Quien quiera tener una idea aproximada de lo que ocurrirá en Cuba en próximos tiempos deberá centrar la atención en el campo, sin soslayar la siempre inquieta vida urbana.
 
 

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