Como se ha manifestado en varias entregas anteriores, la volatilidad de los precios del petróleo está causando una especie de convulsión energética a escala mundial. No sólo los precios del petróleo y sus derivados se han más que triplicado, sino que ese encarecimiento ha provocado que los del gas natural, el carbón, los biocombustibles y otros energéticos se eleven notablemente, debido a que representan productos alternativos y, ciertamente, nadie pierde la oportunidad que presenta el mercado.
No hay país en el mundo que no esté revisando de una manera u otra su política energética y se está haciendo desde una gran diversidad de aristas. La gran mayoría, tendiente a fomentar la diversificación, cambiar la matriz energética y tender a depender cada vez menos del petróleo y sus derivados. Otros lo hacen para ajustar sus regímenes fiscales, dar mayor equidad al negocio y obtener mayor control sobre los recursos energéticos.
Otros, para diseñar y poner en marcha sistemas de bandas de precios o ingeniosos mecanismos para que no se afecte drásticamente a los ciudadanos y a la economía en su conjunto. Otros están aprovechando las oportunidades y recursos y están en franca apertura para captar o destinar más inversiones que permitan descubrir y producir más.
Los más desarrollados, buscando incesantemente a través de la investigación científica la manera de capturar y almacenar el CO2 (Carbón Capture and Sequestration –CCS-) en forma comercial y económica para así hacer uso de grandes reservas de carbón, gas, petróleo o arenas bituminosas u otras fuentes fósiles, para así cumplir con la protección al medioambiente, que día a día nos manda más señales de que no estamos haciendo sostenible el planeta.
Parecería que gran parte del mundo quisiera de una vez por todas divorciarse del petróleo, tarea que no resultará nada fácil, a pesar de los grandes cambios que se anuncian y que expondremos más adelante. Virar del petróleo a fuentes alternativas en forma masiva es casi imposible en el corto a mediano plazo y mucho peor en el transporte vehicular, donde las alternativas son limitadas. No así en el caso de la generación de electricidad, donde existen alternativas económicas que pueden irse implementando del corto a mediano plazo. Expliquemos.
Los biocombustibles son la gran novedad y en Europa, por ejemplo, se viene trabajando para tener un 20% de reemplazo de la gasolina por etanol. De la misma manera, EEUU, en forma menos directa, viene impulsando el uso de biocombustibles del maíz, caña de azúcar y trigo principalmente. Este país usa aproximadamente el 25% del petróleo que se produce en el mundo y es muy fácil hacer cálculos para trabajar en sustituir un 5%, un 10% u otro porcentaje. El Consejo de Asuntos Hemisféricos manifestaba que para reemplazar toda esa cantidad de combustibles en EEUU, se requerirá que la mitad del territorio se destine al cultivo del maíz.
Los biocombustibles, según estimaciones, no podrán sustituir más allá de un 20% de la gasolina y el diesel que se consumen actualmente, sin comprometer la seguridad alimentaria y la eliminación de más bosques y áreas protegidas naturales. Los biocombustibles son el trampolín hacia el futuro que son los vehículos impulsados con hidrógeno y los vehículos híbridos que ya se están fabricando comercialmente.
Con respecto a la generación de energía eléctrica, casi la totalidad de los países que habían decidido no ampliar más capacidad o dejar de usar energía nuclear están revertiendo estas políticas. Gran Bretaña, que en 2003 señaló no construir más usinas nucleares, ahora las presenta como una alternativa viable. Países como Alemania y Holanda también han dado un giro en sus programas nucleares y ni que decir de Francia y China, que lo han venido haciendo consecuentemente en los últimos años.
Este convulsionado panorama energético no escapa a Latinoamérica y el Caribe, donde la situación se ha visto agravada por dos razones fundamentales. Primero, la falta de entendimiento político para usar combustibles regionales, como la hidráulica y gas natural mediante la integración energética. Segundo, los pocos recursos que se tienen para desarrollar tecnologías propias, con muy raras excepciones, como los biocombustibles en Brasil.
Por lo anterior expuesto, seguiremos insistiendo en que los procesos de integración en América Latina deben continuar con productos energéticos limpios y abundantes como la hidroelectricidad, el gas natural y los biocombustibles . Los entendimientos políticos deben llegar para obtener este beneficio de un convulso panorama energético mundial.
* Álvaro Ríos Roca es el actual secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade) por el periodo 2006-2008. Ex ministro de Hidrocarburos de Bolivia, experto en áreas relacionadas con el sector energético que le ha permitido desempeñarse como asesor en varios proyectos energéticos internacionales, conferencista, analista y articulista en varios medios de comunicación de América Latina. Estudios de Ingeniería Química en EEUU. |