Nadie puede dar razón de lo que pasará con los precios internacionales del petróleo en los próximos dos o tres años, más por aspectos políticos y geopolíticos que por aspectos intrínsecos de mercado. Lo anterior, sin duda, mantiene en incertidumbre a todos, pero fundamentalmente a los que definen políticas energéticas nacionales o regionales y a los que invierten capital de riesgo en la búsqueda del oro negro u otras alternativas energéticas.
Por un lado, está el crecimiento de la demanda global, que está definitivamente atada al crecimiento de la población con el crecimiento económico, particularmente en los países en vías de desarrollo. China e India, con una población conjunta cercana a algo más de los 2.000 millones, usan aproximadamente entre dos a tres barriles de petróleo por año por habitante y apuntan muy apresuradamente a tener consumos occidentales, de alrededor de 13 barriles en Europa y 22 en EEUU. América Latina tiene un promedio de consumo de cuatro a cinco barriles de petróleo por habitante por año.
Por otro lado, está la desmedida búsqueda de alternativas al petróleo y sus derivados, como es el gas natural, los biocombustibles, las fuentes eólica, solar, geotermia, nuclear y otras, cuyos resultados empezaremos a ver en dos a tres años más. Adicionalmente, está la explotación de petróleo no tradicional (pesados y bitumenes) y los miles de millones de dólares que se están invirtiendo en lugares tradicionales (campos marginales) y no tradicionales, cuyos resultados se empezarán también a ver en dos a tres años mas.
Este escenario real de oferta y demanda futuro, sumado a que las grandes reservas están concentradas en lugares de difícil acceso (por razones mayormente políticas) y la preocupación que existe sobre la protección al medio ambiente, hacen pensar que los precios del petróleo muy difícilmente bajarán más allá de los 45 a 50 dólares/barril en el mediano a largo plazo. Este es el nuevo escenario que se proyecta para la exploración y la búsqueda de energéticos alternativos y la que puede utilizar Latinoamérica y el Caribe para su planificación.
La región en su conjunto cuenta con gran potencial hidroeléctrico y concentra grandes reservas de gas natural con relación a su consumo, lo que le permite integrarse y generar complementariedades propias de estos productos. Es casi imposible llevar agua o electricidad a Vietnam u otra parte del planeta, así como es difícil y muy costoso llevar gas natural a otros continentes, lo que fuerza a incentivar el uso de estos energéticos en forma subregional y regional.
Sin duda que una de las mejores fuentes para generar energía eléctrica de base en forma económica es el agua y que mediante el gas natural se puede cubrir base y punta muy especialmente en las eficientes plantas de ciclo combinado, que llegan a recuperar hasta el 55% de la energía, en comparación con el 30%-35% de otras fuentes térmicas de los derivados del petróleo.
El agua es una fuente renovable de energía y que debidamente manejada, con relación a su explotación, es una alternativa limpia y económica para uso subregional y regional. De la misma manera, de los combustibles fósiles, el gas natural es el que menos contamina y es también fuente energética económica para uso no sólo en la generación de energía eléctrica, sino también en las industrias, comercios, residencias y el GNV, en el que la región tiene un innegable liderazgo mundial.
El potencial hídrico que se ha utilizado hasta la fecha en la región es de aproximadamente el 26%, y se calcula que existe un 35% de este potencial como económicamente viable de explotación, tanto por su ubicación, como por el nuevo escenario de precios que se ha analizado anteriormente.
Las reservas probadas de gas natural en la región son del orden de los 270 trillones de pies cúbicos y el consumo regional asciende a aproximadamente 5,8 trillones por año, lo que deja reservas para aproximadamente 45 a 50 años. Sin olvidarnos que existe potencial adicional en reservas probables, posibles y potenciales.
Si bien Brasil es un país eminentemente hidráulico, con cerca del 75% de la producción cubierta con esta modalidad, la mayoría de los países de Suramérica tiene combinaciones entre hidro y termoelectricidad del 40% al 60%, con algunos picos cubiertos por térmicas de derivados del petróleo como fuel oil, diesel y carbón. Esta situación cambia radicalmente cuando entramos a Centroamérica y el Caribe, donde existe generación eléctrica térmica con derivados del petróleo desde un 60% hasta 100%, como el caso de Guyana.
Generar energía eléctrica con diesel o fuel oil con precios del petróleo en los niveles actuales de 75 dólares/barril o en los futuros escenarios de 50 dólares/barril parece una aberración, cuando se dispone de grandes reservas subregionales y regionales hídricas y de gas natural. Estos energéticos, además de ser fuentes abundantes, pueden ser más económicos, son mucho más amigables con el medio ambiente y deberían generar complementariedades subregionales y regionales, para lo cual solo es necesario entendimiento político.
Energía hidráulica y gas natural deberían ser la base para la generación eléctrica subregional y el eje de la futura integración de los países de Suramérica, donde el gas, después de anclarse en la generación eléctrica, puede servir para el transporte mediante el GNV. De la misma manera, gas y electricidad de Suramérica y México hacia los países de Centroamérica merecen recibir un fuerte impulso, así como estimular el llevar gas natural hacia los países del Caribe, donde se esta generando con diesel de hasta 14 dólares/Mmbtu (Millones de unidades térmicas británicas).
* Álvaro Ríos Roca, es el actual secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade) por el periodo 2006-2008. Ex ministro de Hidrocarburos de Bolivia, experto en áreas relacionadas con el sector energético que le ha permitido desempeñarse como asesor en varios proyectos energéticos internacionales, conferencista, analista y articulista en varios medios de comunicación de América Latina. Estudios de Ingeniería Química en EEUU.
Las ideas y opiniones contenidas en este artículo son responsabilidad del autor y no expresan necesariamente la opinión de la Organización o de sus Países Miembros.
|