Es tempranísimo, faltan aún dos años, pero la carrera por la Casa Blanca ya ha comenzado. Frente a un George W Bush totalmente deteriorado y una oposición demócrata que quiere vengarse de las derrotas que padeció en los comicios de 2000 y 2004, los aspirantes de cada uno de los partidos están trabajando.
Denunciada durante 15 años como feminista profundamente subversiva, que iguala el matrimonio a la esclavitud, una ingeniera social que va más allá de lo que pueda lograr tratando de nacionalizar el sistema de salud estadounidense, una esposa que perturba de tan aquiescente, demasiado dispuesta a mantenerse al lado de un marido descarriado, ahora, en la última encarnación que ofrecen sus críticos, con sus maniobras se ha convertido probablemente en el emblema demócrata para las presidenciales de 2008. Se presenta ahora como moderada, vía un maquillaje a todas vistas, pero decidida a imponer sus objetivos de izquierda una vez en el poder, así, tal cual, es Hillary Rodham Clinton.
Seguramente no hay que subestimarla, ya que puede ser tan poderosa, tan furtiva y decidida que sólo una candidatura extraordinaria de Condoleezza Rice, la mujer más poderosa de la Administración Bush, puede detenerla.
De esta manera, al descubrir millones de estadounidenses de derecha los peligros que llevaría la Administración Hillary, surgirá desde las bases un movimiento ‘pro Rice', lo que produciría una lucha frenética y de final inesperado, argumento que parece más obsesivo que provocativo. Pero en fin, una vez en la arena..., quién lo diría.
La candidatura de Hillary, está motorizada por una ambición perpetua; la de Rice, resulta quizás más moderada y cuenta con experiencia en la Administración pública. Hillary se alzó en los hombros del éxito de su esposo Bill, quien no cabe duda demostró una buena Administración. Así Hillary, espera capitalizar sus logros; inteligencia y sagacidad no le faltan, mientras que Rice deberá primero consolidarse como candidata de todo el espectro republicano. No olvidemos que palomas y halcones tienen mucho que ver, según los que prevalezcan, con la dirección a que apunta la Administración del probable gobierno republicano.
No así Hillary, quien se mantiene a la cabeza de las preferencias demócratas, con el aparato partidario a sus pies, intacto, tal cual lo pergeñó su esposo Bill. Además, sorprendentemente, esta mujer, ahora dura, combativa, de lengua áspera, ha tomado un giro de 180 grados, ya que en épocas de primera dama, a menudo se quebraba y se mostraba por demás frágil.
Las legislativas de noviembre 2006, serán, quizá una previa de lo que ocurrirá en las presidenciales, por demás importante, tanto para republicanos y demócratas. Éstos intentarán recuperar la mayoría en el Senado y varias butacas en la Cámara de Diputados. Están convencidos que lo lograrán, no sólo por la desastrosa situación en Irak, sino por el conflicto en Medio Oriente.
Ante el resultado, ambos bandos, analizarán los pasos a seguir, proponiendo el mayor esfuerzo en pos de hacer pie en la Casa Blanca, con todo lo que ello significa, no sólo para los norteamericanos, sino para el mundo.
|