Los candidatos a la Presidencia de EEUU, con la experiencia vivida y cada vez más acentuada, deben tener en cuenta, en primer lugar, que la comunidad hispana no está interesada, sinceramente, en caratularse como demócrata o republicana, ya que sus preferencias se decantan por el candidato que les guste y cuya agenda les presente mayores beneficios.
Así, no es desmesurado considerar que el candidato devenido en captar el voto latino tiene que entender que los hispanos volverán a ser clave en las presidenciales de 2008 y que es un voto por el que tendrán que trabajar duramente, fijando posiciones firmes y concretas y sin olvidar que se trata de una comunidad cuya composición es más que diversa.
Estimamos que los hispanos son una comunidad que comparte necesidades sociales, como la de tener acceso al sistema de público de salud y la reforma migratoria, y además cuenta con intereses únicos, por lo que sus decisiones políticas están influenciadas por el lugar donde viven y los vínculos estrechos con su país de origen.
A esta concreta segmentación hay que añadir la aparente apatía hacia las elecciones que históricamente caracteriza a los hispanos, quienes pese a estar cada vez más conscientes de su supuesta capacidad decisoria, no se registran para votar y si lo hacen, no ejercen su derecho al voto.
Al momento no se puede decir que el voto hispano vaya a decidir las elecciones de EEUU porque esa relación causal aún no está clara. Sin embargo, seguramente y de acuerdo a cómo los candidatos direccionen las señales hacia la comunidad, ésta sí puede convertirse en una herramienta más que importante con vistas a 2008.
En política nada es imposible. Entre tanto, los candidatos presentan propuestas y los ciudadanos se preparan para escuchar.
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