A unos cuantos días de las elecciones generales de Guatemala, estamos a las vísperas de una final anunciada entre un candidato de centroizquierda y un general en retiro efectivo de neto corte derechista.
Hasta el momento y dadas las circunstancias habrá segunda vuelta en noviembre y la disputa será entre Álvaro Colom, candidato de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE, centroizquierda) y Otto Pérez, general retirado que se postula por el Partido Patriota (PP, derecha).
Ya no hay tiempo para otras alternativas electorales y, aunque algunos analistas apuestan a los indecisos (un tercio del total de electores) como factor de desequilibrio de última hora, lo más probable es que ese voto nunca tome partido y el porcentaje de participación disminuya en comparación con los comicios de 2003 y 1999.
Sin embargo, cabe la hipótesis de que las encuestas no hayan ponderado el voto de las pequeñas comunidades aisladas, que guardarían un sufragio ahora oculto para favorecer a los partidos con más amplia implantación territorial (la UNE) y de arraigos regionales, como al Frente Republicano Guatemalteco (FRG) .
Cómo se definirá la segunda vuelta, va a depender en gran medida de los resultados del 9 de septiembre. Dada la inexistencia del voto disciplinado -salvo en ciertas zonas del FRG -, los dos candidatos finalistas estarán sujetos primero, a la distancia entre ellos en la primera vuelta y en segundo término a que desarrollen o no una buena estrategia en los últimos tramos de la recta final, que indiscutiblemente está asociada a la disponibilidad de recursos.
Si el centroizquierdista Colom mantiene alrededor diez puntos porcentuales por encima de Pérez, le vencerá en la segunda vuelta. Pero si esa distancia disminuye en agosto, Pérez, con una mejor estrategia, estará en condiciones de emprender una fuerte disputa por la Presidencia en noviembre.
Según las últimas encuestas, Colom tiene el 32% de la intención de voto y Pérez el 24%. A considerable distancia están el oficialista Alejandro Giammattei (8,9%), Rigoberta Menchú, de Encuentro por Guatemala-Winaq (5,5%), quien fue desplazada del tercer lugar, y en último puesto figura Luis Rabbé, del FRG (3,8%).
La fortaleza de Colom continúa basándose en el conocimiento que los electores tienen de un candidato que participa en los comicios por tercera ocasión, que cuenta con una organización de total cobertura territorial y posee los recursos suficientes para desplegar una campaña publicitaria intensa.
Tiene sin embargo algunos puntos flacos, como una estrategia electoral poco clara y unos cimbronazos frecuentes en su organización y dirigencia que terminan en sonoros escándalos.
Los más recientes de esos escándalos fueron la denuncia del jefe de campaña de Colom, José Carlos Marroquín, acusando al secretario adjunto de la UNE, el diputado César Fajardo, de estar implicado en un atentado indirecto en su contra, ocurrido en noviembre de 2006. Esa denuncia, presentada en el Ministerio Público (MP), se asoció a otro flanco de críticas tras la negativa de Fajardo, el 19 de julio pasado, de apoyar en la comisión de dictamen del Congreso la ratificación del acuerdo que debe crear la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig).
El problema es que Colom se había comprometido en Washington a respaldar dicha Comisión, que está llamada a combatir las redes mafiosas que desprestigian las instituciones públicas, con los votos decisivos que su partido tiene en el poder legislativo.
De ahí se desató un alud de críticas de sus rivales en la contienda electoral. Colom capeó el temporal despojando a Fajardo de sus cargos en el partido, en tanto el MP aclara su presunta responsabilidad en el atentado contra Marroquín.
El prestigio de Colom ha quedado ensombrecido, aunque no está claro cómo esto influirá en los electores. Por el momento, sus rivales le presentan como un líder incapaz de gobernar su propio partido y permisivo de la influencia de sectores oscuros en él.
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