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Año IX - Madrid, viernes 24 de agosto de 2007
 
Opinión
 
El Reactor Internacional Termonuclear Experimental (TIER)

Álvaro Ríos Roca*

La seguridad energética se ha venido a tornar en una preocupación planetaria, tanto de países desarrollados como en vías de desarrollo. Esta preocupación se complica aún mucho más cuando se pone cada vez más en evidencia que el uso de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural), fuente además no renovable, es factor contributivo de significancia de los gases de efecto invernadero, que están seriamente contribuyendo al calentamiento global. A lo anterior se debe sumar la volatilidad de los precios de los dos a tres últimos años y recordar que el 80% de la energía primaria a escala mundial proviene de los combustibles fósiles.

Esta coyuntura hace que se vengan impulsando con mayor fuerza una serie de energías alternativas tecnológicas para diversificar las fuentes de suministro y poder utilizar económicamente energéticos más amigables con el medio ambiente. Así, se puede evidenciar una serie de esfuerzos políticos, tecnológicos y económicos para impulsar los biocombustibles, la hidroelectricidad, energía solar, eólica, nuclear, captura y almacenamiento de CO2, etc.

Sin embargo, la búsqueda de fuentes de energía para resolver el eterno problema del suministro energético y de su impacto ambiental es uno de los retos tecnológicos del presente siglo. En esta incesante búsqueda y con las preocupaciones mencionadas, cada vez se tiene mayor interés para continuar impulsando el proyecto ITER (“Reactor Internacional Termonuclear Experimental” derivado de sus siglas en ingles “Internacional Termonuclear Experimental Reactor”)

El soñado proyecto trata de alguna manera de “reproducir en la tierra lo que pasa en las estrellas”. En otras palabras, se está hablando de fusión nuclear y tratar de emular la forma en que las estrellas producen ingentes cantidades de energía. También se habla de un “sol artificial terrestre”, donde se producirían reacciones termonucleares análogas a las que se producen en el sol. En las entrañas del ITER, se señala que se obtendrán temperaturas del orden de los 150 millones de grados.

Los estudios científicos están tratando de demostrar que es posible domesticar y controlar la fusión nuclear y estas increíbles temperaturas y también presiones, para así poder acceder a una fuente de energía poderosa, confiable, inagotable y limpia desde el punto de vista de la protección de nuestro hábitat. ¿Será esta una solución definitiva al problema de abastecimiento de largo plazo? Esa es la pregunta del millón y de allí las apuestas tecnológicas, económicas, política y humanas que muchos están realizando hacia el proyecto ITER.

Los optimistas de esta apuesta exponen la siguiente analogía: “Para alimentar una central eléctrica convencional de 1.000 megavatios (MW) es necesario un tren cargado de carbón con una longitud desde París a Estrasburgo; o en el caso de petróleo, siete enormes buques petroleros; o en el caso de energía nuclear, ocho camiones con uranio. Una central termonuclear de la misma potencia solo requeriría una camioneta cargada con agua y en calidad de desechos, produciría helio, un gas inerte e inofensivo.”

La idea del ITER se remonta hacia mitad de la década del los ochenta con el acuerdo firmado entre EEUU y la ex URSS. Luego se formó el consorcio en 1986, que además de estos dos países sumaba a Japón y Europa a través de Euratom. El diseño del proyecto fue concluido en el año 1990 y su estimación de presupuesto llegaba a los 13.000 millones de euros. Entre esa fecha y los años recientes, una serie de desavenencias tuvieron lugar, muy en particular para obtener los recursos en cada uno de los países.

En el año 2003, con un nuevo escenario energético, EEUU se plegó nuevamente al proyecto ITER y China pedía formalmente asociarse al mismo. El proyecto ITER se pondrá en marcha con aportes de Rusia, países de la Unión Europea, India, China, EEUU, Corea del Sur y Japón. Se conoce que Brasil ha manifestado también su deseo de adhesión al proyecto.

La sede del proyecto estará ubicada en la ciudad española de Barcelona, desde donde se desarrollará y planificará la energía de la fusión. La construcción del reactor se realizará en la localidad de Carandage, en Francia, donde los trabajos preliminares ya se han iniciado, aunque se espera que no sea hasta el año 2011 cuando se aborde el montaje del reactor, y la instalación completa no culminará hasta antes del año 2016.

El obtener esta fuente inagotable de energía es sin embargo de más largo plazo debido a que al reactor de investigación ITER que se construirá en Francia, le debe seguir un reactor de demostración hacia el año 2025 y se estima que los primeros reactores industriales comerciales no estarían listos hasta el 2050. Estamos hablando de más de cuatro décadas.

Toda una apuesta tecnológica en la que los sueños de los físicos podrían hacerse realidad, al obtener una fuente de energía más segura que la nuclear, que no supone riesgos de explosiones o contaminación radioactiva y excluye las reacciones en cadena, por cuanto se realiza en base a la fusión de los elementos y no en base a su desintegración.

* Álvaro Ríos Roca es el actual secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade) por el periodo 2006-2008. Ex ministro de Hidrocarburos de Bolivia, experto en áreas relacionadas con el sector energético que le ha permitido desempeñarse como asesor en varios proyectos energéticos internacionales. Conferencista, analista y articulista en varios medios de comunicación de América Latina. Estudios de Ingeniería Química en EEUU.

Las ideas y opiniones contenidas en este artículo son responsabilidad del autor y no expresan necesariamente la opinión de la Organización o de sus Países Miembros.

 
 

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