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Año IX - Madrid, viernes 10 de agosto de 2007
 
Opinión
 

Y si vas al Cobre

Aurelio Pedroso (La Habana)

Acabo de regresar del santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona cubana que gracias al tesón de un grupo soldados mambises (aquellos que lucharon contra el colonialismo español hace tres siglos) lograron finalmente ante el Papa de entonces tal reconocimiento.

Desde tan remota fecha, el santuario, a poco menos de 20 kilómetros de la ciudad de Santiago de Cuba y a poco menos de 40 dólares en taxi en viaje de ida y vuelta, continúa impresionando tanto a católicos como a ateos y constituye hoy por hoy un elemento para nada despreciable de la unidad de todos los cubanos, vivan donde vivan.

Charreteras militares hasta el grado de teniente coronel figuran como ofrendas a la virgen junto a tierras angolanas y etíopes donde miles de cubanos combatieron en pasadas guerras y tuvieron el privilegio de regresar vivos a casa amparados por la suerte y hasta tal vez por la propia virgen.

Desde cadenas de oro y enormes cálculos extraídos por cirujanos en riesgosas operaciones, hasta simples lápices escolares figuran como ofrendas.

Enclavado en el poblado de El Cobre, que resalta por la limpieza de sus calles y el titánico esfuerzo de sus vecinos por mantener las viviendas arregladas y pintadas, la pequeña iglesia donde se encuentra la imagen de la Caridad es un sitio de meditación y ruego de cientos de miles de cubanos y hasta extranjeros que visitan el lugar.

Para muchos en El Cobre el pan de cada día proviene del templo. Y no por gratuidad, sino que porque alrededor de él, la gente ha montado sus puestos de venta de ofrendas florales, pequeñas bolsas con piedras de cobre y artesanías en madera en las que aparece en miniatura la representación de la virgen.

No existe un cubano que al conocer del viaje de un paisano a ese monumento nacional le pida una virgencita de regreso. Y así lo dice una canción tan vieja como la propia historia: “Y si vas al Cobre quiero que me traigas una virgencita de la Caridad. Yo no quiero estampa, yo no quiero flores, lo que quiero es virgen de la Caridad ”.

La devoción por la virgen aumenta cada día. Muy por encima de otros santos como el Lázaro, de El Rincón habanero, o la virgen de Regla. Unos lo hacen por verdadera pasión y otros con un importante contenido folclórico añadido. Mírese como se mire, tales actos unen a las personas en nobles sentimientos de amor y fraternidad.

Y si se trata de traer pequeños recuerdos a la capital de la isla o fuera de ella, el viajero deberá tener presente que aquellas compradas y que se hallan dentro de un pequeño tubo de vidrio del grosor de un dedo gordo, no deben viajar en cabina, sino en la barriga del avión. Normas de seguridad simplemente.

Santiago de Cuba fue hace mucho tiempo la capital cubana. Tal vez por ello y durante muchos años más prosiga esa rivalidad proverbial entre las dos ciudades y sus pobladores en múltiples manifestaciones. Así tenemos que los santiagueros construyeron un cabaret Tropicana superior al original y algunas fuentes dan cuenta de que la pista del aeropuerto tiene expresamente un metro más de largo que el de La Habana.

De cualquier forma, pueden sentirse muy orgullosos por el santuario de El Cobre. Único e irrepetible, propiedad de todos los cubanos.

 
 

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