Si mi abuela viviera, resultaría en extremo difícil que alguien consiguiese convencerla que el término apropiado era ese, el de “indisciplinas sociales”, porque para ella, humilde maestra de pueblo de campo, lo que sucede ahora no es otra cosa que una muy peligrosa pérdida de valores en muchos jóvenes y adultos, que podrían poner a temblar a cualquiera que intente contar con ellos para edificar el futuro inmediato de la isla.
Lo peor del caso no es que sean malos, sino que los hemos convertido en m
alos. Instrucción y educación dejan mucho que desear y ya la prensa de las juventudes comunistas ha comenzado desde hace meses a abordar el tema con bastante rigor y seriedad. Se trata, como dijo un lector sumado al debate, de un “problema multicasual ”, con causas para contar como cuentas de un collar. Una situación que otro cubano de los de a pie, no sin cierta razón, ha definido como “un problema de “supervivencia de la revolución”.
Excepciones aparte, que las hay como tales, lograr que algún joven dé las gracias, los buenos días, se levante del pupitre a la llegada del profesor o sepa saludar a una persona mayor -por no hablar de la falta de respeto- es algo de momento imposible de lograr.
Y no tan jóvenes, sino que los hay algo mayorcitos, que le atiendan a uno correctamente al solicitar un servicio, le dilatan los trámites, le roban al pesar los productos y otros tantos males más son poco menos que indicativos de que el asunto requiere cuanto antes la competencia de muchos especialistas en los que no deben faltar buenos y competentes economistas.
De lo contrario, señoras y señores, estaremos, como se dice en buen cubano, perdidos en el llano. El último artículo publicado por Juventud Rebelde toma un título que invita a reflexionar cuanto antes: “Los padres del mañana”. |