En el otro lado de la vereda se encuentra Otto Pérez Molina, que hasta el momento, y no sin esfuerzo, ha mantenido direccionado el curso de acción con vistas a los próximos comicios.
Así, y con relación a la encuesta del mes anterior, la masa de votantes creció diez puntos y, a pesar de soportar varias denuncias que lo involucran en malos manejos de fondos y violaciones de los derechos humanos, Pérez Molina no ha sido situado en el ojo central de las críticas.
Por ejemplo, ha salido a la luz un trabajo de un libro escrito por Francisco Goldman en el que resume ocho años de investigaciones sobre el asesinato del obispo Juan Gerardi, ocurrido en abril de 1998, el cual involucra a Pérez Molina. Además y por medio de la prensa escrita se conocieron copias de cheques del Estado Mayor Presidencial de 1996 que suman 19 millones de quetzales (1,86 millones de euros), autorizados para su cobro en efectivo por el ahora candidato y entonces jefe de ese cuerpo de élite. Ese dinero se giró discrecionalmente unas horas antes de que el entonces presidente Ramiro de León entregara el mando.
Pero ninguna de esas denuncias ha tenido eco ni se les dio seguimiento, lo cual mermó notablemente el impacto contra el candidato del derechista Partido Patriota (PP).
Por el contrario, el cuadro de inseguridad manifiesta sigue jugando a favor de su candidatura. Las últimas encuestas señalan que la población confía más en Pérez Molina que en Álvaro Colom para enfrentar efectivamente a las maras, que son identificadas como la principal amenaza contra la seguridad en las colonias populares y de clases medias.
Los otros candidatos. Por lo demás, en el segundo pelotón de candidatos, el oficialista Giammattei ha superado esta vez a Menchú, quien que también CASA, el partido que postula a Eduardo Suger, de tendencia derechista, habría dejado atrás a la Premio Nobel con un quinto puesto en la preferencia de los votantes.
El empuje de Giammattei -de todos modos insuficiente- se soporta en una campaña intensa de medios y propuestas sólidas, además de una buena comunicación, logrando hasta cierto punto disociarse del Gobierno, que lo postula. Su candidatura podría apuntalarse todavía más ya que la Administración del presidente Berger tiene previsto realizar un nuevo pago masivo a los ex patrulleros civiles, distribuir fertilizantes e inaugurar varias obras de infraestructura.
Menchú, en cambio, se ha resentido del pobre apoyo financiero interno y de la prohibición de acceder al apoyo internacional, que tampoco resultó tan abundante como algunos previeron. A pesar de que tiene el más alto grado de conocimiento popular
-junto con Colom-, esa ventaja no se ha traducido en respaldo electoral en el grado que se esperaba.
Ciertamente ella ha venido creciendo en las encuestas, pero a un ritmo tan pausado que ya un candidato le ha superado y otros dos, Suger y Luis Rabbé del FRG, comienzan a pisarle los talones. Además su propuesta política moderada no ha conmovido al electorado ni su estilo de comunicación ha resultado el más eficaz. Debe considerarse, por lo demás, que Menchú brega contra viejos tabú racistas de la sociedad latina y machistas de la sociedad indígena.
Así y de no ocurrir algo estrambótico -aunque para no engañarnos digamos que en política nada es imposible-, las cartas ya estarían echadas para este 9 de septiembre: Álvaro Colom y Pérez Molina disputarán la final electoral el próximo mes de noviembre. |