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Año X - Madrid, viernes 8 de agosto de 2008
 
Opinión
 
Escándalo mata escándalo

Santiago José Guevara García (Valencia, Venezuela)

¡Vaya que el sargentucho que desgobierna Venezuela y su tinglado institucional montado a la medida aportan pasajes a la historia del absurdo! No existen segundo a segundo, sino trastada a trastada, escándalo a escándalo y recule a recule.

A Nuestro Señor de los Milagros, Hugo Rafael Iº (para no subestimarlo, situándolo por debajo de su pana, SM El Rey Juan Carlos) se le vence el plazo que su sumisa asamblea nacional le otorgara para crear leyes desde el estrecho punto de vista de su personal antojo y se lanza, en un solo día –el último- veintiséis de las cerca de cuarenta que promulgó en dieciocho meses. Once leyes en año y medio y veintiséis, en veinticuatro horas. ¡La reforma constitucional rechazada el 2D a ritmo de decretos ejecutivos, como para crispar la conciencia democrática de la nación!

Su también sumiso poder electoral ratifica, a menos de una semana del arranque de la inscripción de candidatos regionales, que no aceptará a los inconstitucionalmente inhabilitados aspirantes, por obra de otro sumiso: el Contralor General de la República, y Chávez se lanza la estatización, para barajar el tiro, de la filial española del Banco Santander.

En varias de las once primeras leyes tuvo que recular después de aprobarlas. Lo relativo a las inhabilitaciones políticas puede convertírsele en un terrible punto de agenda y lo que sucede en el sistema financiero, conocido el deteriorado ambiente económico, no es para permitirse introducir elementos adicionales de riesgo… ¡y va a costarle varios puntos adicionales de impopularidad!

Eso sucede después del cierre, hace ya un año y tres meses, del principal canal de TV privado; el regaño de su pana real; la pérdida del referéndum del 2 de diciembre; una ola absurda de estatizaciones; el tremendo ridículo de la “Operación Emmanuel”; los descubrimientos de las laptops de Raúl Reyes; el dramático descontrol de las variables macroeconómicas; una baja sensible de su popularidad, evaluación positiva de su gestión, identificación política de la ciudadanía respecto a su proyecto de gobierno y la confianza que hay en la población venezolana sobre su labor. Como para seguir montando escándalos, pues.

Y arriesgo mi opinión diciéndoles que lo seguirá haciendo. Su escasa y deformada visión política no le permite pensar, mucho menos actuar, huyendo hacia adelante, proponiéndose iniciativas positivas, sino recurriendo a las peores argucias y trastadas, al estilo de su barbudo mentor cubano y la legión de mercenarios –varios ilustres europeos, entre ellos- que castigan las saqueadas finanzas públicas nacionales.

No puede inventarse un bloqueo americano, porque sería ponerse la soga al cuello, reconocida la dependencia de su chequera viajera respecto a la factura petrolera gringa, los pingües negocios que las compañías cercanas al círculo Bush realizan en Venezuela y la también dramática situación de la producción y el abastecimiento nacionales, dependientes de masivas importaciones. Ese recurso, que tan bien le ha funcionado al dictador cubano, no le está permitido.

Pero el realismo mágico que nos caracteriza dispone aún de un amplio arsenal de argucias. Embestirá contra otras empresas privadas relevantes (nuevamente especulo, apostándoles a que lo hará en el sector de alimentos) o militares opositores o institucionalistas; intervendrá en las elecciones locales de la cuarta ciudad del país, en la cual su ex esposa y hoy opositora firme aspira la alcaldía; en algunos casos querrá, ilegítimamente, convertirse en el único elector; manejará a su antojo a sus secuaces del poder electoral; etc.

Como en el caso actual de la estatización y nacionalización del Banco de Venezuela, para tapar la maniobra conjunta suya con el contralor general, el tribunal supremo y el poder electoral, el escándalo será sólo una vía de ocultamiento. Máxima relevante del modelo de gobierno del sargentucho: escándalo mata escándalo. Y el país: ¡que se hunda!


Seguramente el ciudadano boliviano exige cuanto menos un halo de sentido
común en sus representantes. ¿Podrá darse este milagro? Así esperamos, ni
más ni menos, para el bien común de los bolivianos
 
 

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