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Año X - Madrid, viernes 8 de agosto de 2008
 
Opinión
 
Bolivia: Tenso clima

Juan Varde ( Buenos Aires)

Lamentablemente, y  a poco de definirse el referendum revocatorio en
Bolivia, la agitación social crece en el país del altiplano. Choques entre
mineros y policías cerca de Oruro dejaron dos muertos esta semana, lo que
desgraciadamente el presidente Evo Morales debe cargar aún más en su pesada
mochila. Recordemos que el departamento de Chuquisaca, del que Sucre es
capital, exige del primer mandatario, que antes de viajar allí se disculpe
públicamente por los tres muertos que se produjeron después de que el
Gobierno reprimiera una manifestación en noviembre del 2007.

Ingenuos serían aquellos los que torpemente llegaran a la conclusión de que
sólo hay en proceso un primario  intento por sacudir los cimientos que
sostienen al presidente Evo Morales. Sin embargo, ésta no es la única
situación que explicita el confuso y poco feliz momento por el que atraviesa
el país. El Gobierno ha plasmado demasiadas  torpezas en su gestión, quizás
obnubilado por las enormes demandas insatisfechas,  que además han sido el
resquicio por donde lanza sus dardos  la oposición..

Bolivia con historia plagada de incertidumbres, que sintió en carne propia
el saqueo a que fue sometida durante más de  500 años y gobernada por
primera vez por un indígena miembro de su abrumadora mayoría, no toleraría
ser liderada por un integrante de la clase que la sojuzgó durante siglos.
Pese a todos los problemas que amenazan con ahogarlo, no le ha ido tan mal
al gobierno nacido en 2006. Sacó al país del rojo fiscal continuo al que lo
llevaron todas las gestiones liberales. El PBI creció un 3% anual promedio
desde 2006. Y las exportaciones, empujadas por el alza de los hidrocarburos,
llegaron al récord de US$ 4.000 millones, el doble de la media de los
últimos 30 años.

Por otro lado, logró que las petroleras pagaran adecuados impuestos y enseñó
a leer al 70% del millón de analfabetos que había en 2005.
Sin embargo, la Administración Morales, mal utilizó el copy right  de otras
administraciones de la región,  y cometió el error de fabricarse enemigos
cada vez que no supo cómo convencer al país de que tenía razón en sus
planteamientos. Atrapado por la persecución que lo marcó en sus orígenes, no
ha sabido apelar al rigor para cumplir la ley y granjearse la simpatía de
esa clase media que puede tolerar la deuda social, pero no soporta que le
corten las calles.

En estos días y para no ir más allá, el bloqueo en Oruro, seguramente le
trajo a su memoria  aquel dicho muy referencial por estos lados: no hay peor
cuña que la del mismo palo,  ya que la situación fue similar , diríamos un
calco a la que hizo Morales contra el ex presidente Lozada-,  ejemplo por
demás contundente  de ese pasado que condena.

Dadas así las cosas, el cuadro de situación boliviana nos muestra el pulso
por un modelo de país entre un gobierno que impulsa todo desde el
Estado -porque es más que evidente que la corporación le soltó las riendas
desde el primer día- , sector   excluyente, abanderados de la proyección
geométrica que les deviene el gas,  los que pregonan  y avisoran el sueño de
la Media Luna, de  desentenderse de los indígenas de La Paz y alrededores.

Un sin número de situaciones complejas, de clases de modelo de piel.

Seguramente el ciudadano boliviano exige cuanto menos un halo de sentido
común en sus representantes. ¿Podrá darse este milagro? Así esperamos, ni
más ni menos, para el bien común de los bolivianos
 
 

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