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Año X - Madrid, viernes 7 de agosto de 2009
 
Opinión
 
Estado de insurreción

Santiago José Guevara García (Valencia, Venezuela) sjguevarag@gmail.com

En noviembre ’91 escribí en el viejo “Diario de Caracas”, más o menos con el mismo estado de espíritu que me fluye ahora. A los tres meses sucedió el primer golpe de estado de la logia que hoy nos gobierna. Nada que ver de relación alguna con los golpistas ni informes de inteligencia. Puras percepciones y sensaciones. Hoy las tengo similares.

Venezuela está, teórica y situacionalmente, en un momento pre insurreccional. Es, por lo demás, la sensación de muchos. Podría no pasar nada, porque de las condiciones a la realización operan la organización y la acción y también es verdad que desde febrero el miedo se ha metido en los tuétanos de la nación. En amplias zonas, ya el miedo se convirtió en rabia, pero aún el régimen tiene el balance a su favor. Todavía gana el miedo.

Dos referencias para abonar al planteamiento. Primera: agotadas las soluciones institucionales (todas manejadas arbitrariamente por el régimen, incluida la electoral), diezmados los medios (esta semana fue el cierre de 34 emisoras radiales), cansada la gente de “patear” la calle y en buena medida cerradas las salidas institucionales supranacionales (se atraviesa la “insulsa” OEA de hoy), quedan abiertas sólo el recurso del paro y la indeseada, pero forzosa violencia. Que conste que me baso en un modelo teórico sobre el “el ciclo de vida” del conflicto.

Segunda: Puerto Cabello, asiento del principal puerto nacional, lleva más de una semana de abierta lucha local y más de un mes de angustias. Eso lo ubica al lado de Curiepe, población negra cercana a Caracas; los trabajadores siderúrgicos, radiofónicos y periodísticos; los ex trabajadores petroleros de Lagunillas y Ciudad Ojeda, en occidente; los buhoneros de Caracas; las fuerzas vivas de Guayana; sectores confiscados de la industria y la agricultura y tantos otros sectores, en pie de lucha abierta, aunque dispersa y desigual, contra la política de destrucción nacional del chavismo.
Sea que Chávez y su claque militar se sienten confiados de su dominio sobre el país y lo siguen humillando, que están probando reacciones para apretar más el acelerador de su razzia, o que se equivocaron en su estimación de la respuesta popular; lo cierto es que el país está entrando en una nueva fase de ingobernabilidad, que podría avanzar –vanguardia política mediante-  hacia nuevas formas de presión popular, la conformación de nuevas alianzas sociales y políticas y la posibilidad de desenlaces violentos.

Sobre la confluencia social posible, es de notar que buena parte de la protesta popular es de sectores que aún se declaran chavistas o lo fueron hasta hace poco. Por una razón sencilla: amor con hambre no dura. Mucho menos, con irresponsabilidad. O sea, que se obstinaron. Junto con esos sectores, está presente la evidente descomposición institucional de la Fuerza Armada, por los intentos oficiales de anularla por varias vías, pero en la cual aún hay reservas morales intactas. Finalmente, en el mundo de la oposición, una clara separación de aguas, entre los sectores electoralistas y conciliadores tradicionales y una nueva oposición, convencida de la presencia de un conflicto (los otros no lo perciben así), de acuerdo a la cual ninguna solución transaccional es posible, montada sobre la articulación de una nueva alianza democrática y dotada de respuestas amplias y profundas y soluciones  a los grandes problemas nacionales.

Cierre teórico de soluciones, situaciones de protesta social abierta, un régimen que subestima la capacidad de respuesta nacional, nueva fase de ingobernabilidad, una nueva confluencia social y sectores democráticos que, sin embargo, como en otros momentos de la historia republicana, han entendido las exigencias de los conflictos, son, para el estado de espíritu, la presencia de un momento pre insurreccional. Pero, nada está predicho.

 
 

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