No me refiero a Beckett, sino a Chávez y la pareja proxeneta que dirige Argentina. No voy a andar con remilgos en este tema. Lo ocurrido con las varias vueltas más de asfixia a la economía venezolana por Chávez y la conducta doblemente oportunista de los Kirchner y asociados, quedará en los anales como lo que nunca más deberá hacerse en función de la construcción de un destino económico común latinoamericano.
Aplicar sin reflexión y visión de futuro la tenaza económica en vez del arte de la diplomacia, causando daños internos severos y presentarse en Caracas un tropel de buitres sureños a llevarse todo a cambio de nada, no son precisamente actos de inteligencia económica, sino la muestra de lo mucho que falta para la existencia de lazos de solidaridad regional que asienten el futuro económico merecido.
Vayamos al tema de la ruptura venezolana con Colombia. Se suscita menos de dos años después de que Colombia viniera en auxilio de una peligrosa situación de desabastecimiento nacional resultante de la intencional quiebra de la economía interna por el régimen. El proceso significó llevar de unos dos mil a casi ocho mil millones de dólares las importaciones colombianas, buena parte de ellas, alimentarias. Entre 15 y 20% de las importaciones nacionales y un crecimiento del 300% en dos años.
Como efecto virtuoso, el establecimiento de una trama productiva y de servicios binacional, en la cual muy diversos intangibles de difícil superación, sólo posibles en las relaciones estables. Estados industriales o fronterizos asientan relaciones con Colombia que significan cifras importantes de empleo, ahora en vías de desaparición. La larga frontera, desde la Amazonia hasta el Caribe asienta regiones transfronterizas de muy larga data y mejor prospectiva, si en nuestra historia no se atravesaran adefesios como el actual régimen.
Pero aún más, en perspectiva más amplia: Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá, por no extendernos más, conforman una zona media del continente que debería hacer conjuntamente un esfuerzo ingente de reindustrialización y desarrollo de tramas de servicios asociados, que representen una inmensa región económica y el reequilibrio respecto al norte NAFTA) y el sur (Mercosur) continentales, de mayor desarrollo relativo. La acción chavista, con el beneplácito de los chulos de la ALBA, representa un explosivo en el mero centro de la posibilidad.
Concluyamos con la acción argentina. La relación se establece en una rueda de negocios, cual feria campesina. Las relaciones privilegiadas son con el manirroto y corrupto estado venezolano, en rol de socio importador. Una desconocida empresa estatal, Suvinsa, asume la mayoría de los compromisos. Fuera de un impreciso compromiso de suministro energético, no se conoce de otros que beneficien la producción venezolana. O sea, un irrespeto absoluto a la aceptada norma de la Teoría del Contrato relativa al necesario equilibrio de beneficios.
Claro, con un febril presidente y dos ministros ultrosos, no podía esperarse otra cosa. Se maneja irresponsablemente información relativa a la realidad de precios de los bienes a importar, aranceles y fletes. Se lo hace en algunos rubros en los cuales el país ha tenido incluso posiciones dominantes en años recientes (arroz, por ejemplo, precisamente en el mercado colombiano).
Chávez sigue en su campaña de destrucción nacional, privilegia su geopolítica antes que el bienestar interno, improvisa en la política comercial, aplaza y dificulta la integración de la zona media del continente, refuerza la trama iconoclasta que tanto daño hace regional y hemisféricamente, etc., y la tragicomedia con Argentina se monta sobre la contingencia, relaciones improvisadas, ausencia de compromisos contractuales seguros, proveedores improvisados, intermediarios oportunistas, falta de reciprocidad, desbalance comercial creciente y otras linduras. Luz para afuera y oscuridad en la casa, pues.