Evidentemente los acontecimientos sobrepasan el análisis y la reacción es tardía. Es como que viene corriendo desde atrás, en lugar de prevenir y utilizar todos los mecanismos a su alcance, a efectos de que su contrainteligencia evite que la Administración Obama observe la partida desde la tribuna.
Así los hechos, la única realidad ,afloran como luz amarilla , la retroalimentada ola de violencia en Irak y en Afganistán, dos países que hace años fueron invadidos por Estados Unidos y donde aún hay tropas norteamericanas, cosquillea cada vez más al gobierno de Barack Obama, lo que irremediablemente muestra dudas sobre los planes militares a efectos de estabilizar ambas naciones, sin soplar vientos de cambio la primera impresión era que todo sería como entonces en las estrategias anunciadas por Obama para ambas naciones, sin embargo si en los próximos días se reiteran acciones de fuerte impacto, existiría la posibilidad de un giro estratégico.
A diferencia de lo ocurrido en los últimos días, la primera línea del gobierno no hizo comentarios públicos sobre la escalada terrorista. Los acontecimientos de los últimos días soportan el interrogante. Se ajusta a la realidad mantener el plan de retirada de las tropas de Estados Unidos para fines de 2011, cuando la violencia ha golpeado duramente, resurgiendo con mayor fuerza, lo que nos demuestra que la tan declamada mejora en la seguridad es una entelequia
La respuesta que dio la administración Obama hasta el momento fue: El plan de retirada no tiene cambios.
Obama tiene en su pensamiento retirar de Irak a más de 80.000 soldados norteamericanos en menos de un año. Y que no quede ninguno para fines de 2011. Todo, con el argumento de que el trabajo que se iba hacer allí se está cumpliendo "con éxito".
La respuesta no se hizo esperar. El baño de sangre que se vivió en estos días juega como cerrojo e impresiona como para ponerlo en duda.
El otro frente es Afganistán, donde, por el contrario, Obama quiere reforzar la acción militar. Con los comicios a la vuelta de la esquina, existe la duda si serán lo suficientemente legítimos en un contexto en el que la violencia constante parece presionar a los votantes.
El Departamento de Estado afirmó el gobierno de Estados Unidos trabajará con la autoridad que resulte consagrada en los comicios, garantizando la imparcialidad de Washington ante las elecciones afganas y dijo que "se reconocerá" a quien resulte elegido.
La administración Obama viene señalando su compromiso con Afganistán, justificando el esfuerzo de afrontar una guerra tan impopular como la de Irak. El combate a los insurgentes talibanes en Afganistán no será rápido ni fácil, la victoria resulta fundamental para la seguridad estadounidense.
En qué se diferencia su guerra de la de George Walker Bush es la pregunta de muchos. Obama afirma que existe un nuevo plan estratégico y una planificación alternativa que incluye una mayor cooperación con el vecino Paquistán, al que debe sin medias tintas de consolidar, a pesar de algunas situaciones equivocas, como un fuerte aliado en la zona.
Obama determinó un plan para Afganistán diametralmente opuesto al de Irak: en lugar de retirar tropas, las refuerza. Tanto, que la intención sería enviar un contingente extra de 30.000 soldados el año próximo.
Convencido, Obama afirma que la insurgencia talibana ofrecería un refugio cada vez mayor desde el cual Al-Qaeda planearía más ataques contra ciudadanos norteamericanos.
Estos frentes y en lo doméstico, afectan a Obama cuya administración se encuentra en el punto más bajo de popularidad por un plan de aliento económico que no termina de levantar vuelo y por la demora en la reforma del plan de salud a la que ató su destino político, por el cual recibe dardos venenosos constantemente especialmente de los halcones republicanos.
Ninguna de las dos cosas da señales positivas. Los tibios signos de recuperación económica no terminan de drenar en la vida cotidiana. Y la reforma de salud es, al momento, un claro oscuro de destino incierto. Ni los propios demócratas terminan de comprender en qué ratio se encuentra el proyecto.
Ante esta situación, por demás complicada, no sería para nada deseable que a Obama se le presente una grieta en su estrategia militar.