En los últimos días no son tan frecuentes esas opiniones vertidas por altos cargos del Gobierno cubano en torno a la recuperación favorable del presidente Fidel Castro y, a falta de una información oportuna y veraz que rompa el secreto de Estado, la gente en la calle ha comenzado a pensar en un agravamiento de su salud.
La ausencia del líder en la conmemoración del quincuagésimo aniversario de constituidas las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) el pasado 2 de diciembre, fecha que también por voluntad expresa de Fidel sería el colofón de los festejos organizados por la Fundación Guayasamín en honor a sus 80 años de vida, ha disparado en el ámbito ciudadano la opinión del agravamiento de la vitalidad del Comandante.
Según fuentes cercanas a esta columna, la presencia del presidente era esperada en la Plaza de la Revolución y para ello se había desplegado un sistema de seguridad ad hoc habida cuenta de su delicado estado de salud. Pero al parecer, ello no fue posible por una nueva recaída.
Algunos en La Habana suponen que la organización del desfile militar no obedecía tanto a un aniversario cerrado de las FAR ni a otros propósitos de cara al exterior, sino a un acto de alto contenido emocional para el hombre que con sólo 12 guerrilleros, después del descalabro expedicionario de 82 combatientes, aseguró que bastaba esa docena para ganar una guerra.
La real magnitud de la afección que sufriera el 26 de julio del presente año y su posterior desarrollo aún siguen siendo un auténtico secreto.
Entretanto han transcurrido más de cuatro meses y el país ha conservado la calma y algo aún más importante, la unidad entre la inmensa mayoría del pueblo que defiende un socialismo que precisa una necesaria renovación.
Con el transcurrir de los días, semanas y meses, el ciudadano de a pie se ha ido acostumbrando a la ausencia del líder aunque, obviamente, no ha perdido pie ni pisada al desarrollo o involución del proceso de recuperación. A falta de una información gradual, la imaginación popular también ha desatado las mil y una conjeturas, acción muy relacionada con la idiosincrasia del cubano.
Basta salir a la calle y guardarse la condición periodística -porque de lo contrario la gente no será tan explícita ni sincera- para percatarse de dos elementos fundamentales: la imposibilidad del regreso político de Fidel y la confianza en que Raúl está en condiciones de enrumbar la isla con nuevas e importantes iniciativas.
Quizás una de las más valoradas sea el emplazamiento al Gobierno de EEUU de ir a la mesa de negociaciones sin condicionamiento alguno. Lo dijo en su primera intervención ante la prensa a raíz de la sucesión de poderes y lo volvió a repetir recientemente en el breve discurso del 2 de diciembre en la parada militar.
Se viven nuevos tiempos y no se debe subestimar que la isla puede continuar su camino. Nada habrá más socorrido que un día tras otro. |