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Año VII - Madrid, viernes 15 de diciembre de 2006
 
Opinión
 
Cambio de rumbo en Ecuador

Juan Varde (Buenos Aires)

El triunfo en Ecuador del candidato de izquierda nacionalista, Rafael Correa, presupone un fuerte cambio en la orientación económica-social del país, tras un largo periodo de inestabilidad política.

Correa, un joven economista con estudios en las Universidades de Illinois y Lovaina, se impuso claramente en las elecciones luego de una campaña que se caracterizó por las propuestas populistas de ambos candidatos. En la segunda vuelta derrotó al candidato de la derecha, Álvaro Noboa, probablemente el hombre más rico de Ecuador, quien fracasó nuevamente en su intento por alcanzar la primera magistratura de su país.

Se consumó en las urnas un inocultable fracaso de los tradicionales partidos políticos, que se mostraron incapaces de proponer alternativas de cambio, por demás necesarias.

El triunfo de Correa supone un cambio trascendente para un país acostumbrado a vivir en medio de la inestabilidad política, a tal punto que los tres últimos presidentes elegidos no consiguieron completar sus mandatos.

Son demasiados y grandes los desafíos que le esperan a Rafael Correa: la ratificación o no del Tratado de Libre Comercio con EEUU, la dolarización -vigente desde hace seis años-, el pago de la deuda externa y, lo màs importante y fundamental, la enorme deuda interna que este país tiene consigo mismo. Sin embargo, lo primero que deberá atender es cómo lograr cumplir sus cuatro años de gobierno, que se iniciaràn el próximo 15 de enero.

Es que la última década estuvo signada por un alto grado de inestabilidad política en Ecuador, no en vano, cuando el actual presidente, Alfredo Palacio, entregue el poder a su sucesor, ya serán, incluyéndole a él, 11 ex presidentes vivos, y no se trata de un supremo caso de longevidad.

Correa no presentó candidatos al Congreso en la primera vuelta, apostando a la convocatoria de una Asamblea Constituyente a efectos de reformar el sistema político. Ahora, su primer paso deberá ser acordar con un Parlamento en contra, la formación de un gobierno sustentable que concilie, fundamentalmente, posiciones en una nación notoriamente fragmentada.

Su triunfo viene de la mano del cansancio provocado en la sociedad por una partidocracia más que alejada de las necesidades del pueblo. En ese sentido, Correa tendrá que cumplir una de sus promesas, la de acometer una amplia reforma de un sistema político que ha perdido, sinceramente, casi todo su crédito. Esto no sólo comprende a los partidos, sino también a entidades como el Tribunal Supremo Electoral -el árbitro de las
elecciones-, que históricamente es sospechoso de parcialidad.

En el campo económico, el nuevo presidente recibirá un país donde el  60% de la población vive en la pobreza, con una deuda externa cercana a los  13.900 millones de dólares, una canasta básica familiar que bordea los 400 dólares y un salario mínimo que ronda los 160.

Las dos principales ingresos del país andino son el crudo -más 5.300 millones de dólares en 2005- y los aproximadamente 2.200 millones correspondientes a las remesas que envían al país los casi  tres millones de ecuatorianos que se vieron forzados a emigrar en los últimos años.

El propio Correa admitió que si bien ambas fuentes de ingresos son genuinas, también son volátiles; de ahí la extrema necesidad de garantizar para el futuro negocios más confiables para asegurar una estabilidad de la economía que le permita al futuro Gobierno un reparto más equitativo de la renta.

La gran deuda interna, prioridad uno.

 
 

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