A poco de terminar un año en el que el eje político de la región confirmó su giro hacia la izquierda, situación esta que se da como respuesta al descuido de las agendas sociales, los líderes de esa orientación consiguieron llevar a su molino los votos para llenar la mayoría de los casilleros de América Latina. Ahora están al frente de gobiernos que darán marcha a políticas con diferentes chances de alcanzar estabilidad a través del tiempo, mientras que a pesar de la aparente unidad ideológica, el futuro próximo no se ve tan apacible como parece.
Luego del marcado calendario electoral latino, un nuevo equilibrio político quedó definido en la región, donde desde noviembre de 2005 se celebraron 12 elecciones presidenciales.
El año del maratón electoral comenzó con la victoria conservadora de Manuel Zelaya en Honduras, sin embargo, ésta fue seguida por los triunfos izquierdistas de Evo Morales en Bolivia y de Michelle Bachelet en Chile, tras el triunfo de los centristas Rene Preval en Haití y de Oscar Arias en Costa Rica. Luego se sumó al club izquierdista Alan García en Perú. Las excepciones de triunfos conservadores fueron Álvaro Uribe en Colombia y Felipe Calderón Hinojosa en México.
El año finaliza con un marcado tono izquierdista, con los triunfos en elecciones recientes de Ignacio Lula Da Silva en Brasil, Daniel Ortega en Nicaragua, Rafael Correa en Ecuador y Hugo Chávez Frías en Venezuela.
Estos gobiernos se suman a los de Néstor Kirchner en Argentina y Tabaré Vázquez en Uruguay, además de Fidel Castro en Cuba.
El auge de líderes ‘antisistema' tuvo causas diferentes en cada país, dependientes de cada contexto en particular, viéndose reflejado en el tipo de gobierno elegido.
Los gobernantes de izquierda están lejos de conformar un bloque homogéneo y en cambio encarnan dos tendencias: una más radical, liderada por Chávez, y otra, más moderada, que tiene por referentes a Lula y Bachelet.
Por otro lado, se pueden encontrar denominadores comunes a efectos de explicar el avance de la izquierda en la región, como el sentimiento generalizado de desconfianza hacia los partidos políticos tradicionales, la desigualdad en la distribución de los ingresos y la creciente y preocupante pobreza que afecta a un 40% de la población latinoamericana.
Los triunfos de la izquierda son, además, una reacción frente a las agendas económicas neoliberales que descuidaron temas tan importantes como la redistribución social, o equidad, que en algunos casos llegó a extremos dogmáticos de desmantelar los Estados. Se dieron procesos de modernización junto a otros de fuerte exclusión, con marcadas restricciones a la participación.
No vemos que el avance de la izquierda sea una moda, sino una respuesta a efectos de combatir la pobreza; parece ser una firme respuesta de la sociedad a las políticas de los años 80 y 90. En algunos países se trata de proyectos muy institucionalizados y democráticos, mientras que en otros, el modelo es autoritario.
Nos preguntamos si los gobiernos de izquierda llegarán a consolidarse en una corriente, como fue el neoliberalismo en los 80 y 90, o si sus políticas estarán destinadas a desaparecer con el próximo gobierno de signo político diferente. La estabilidad de las políticas dependerá exclusivamente de la capacidad de gestión que demuestren las izquierdas para ir institucionalizando sus procesos sociales de cambio, en una manera democrática, cristalina y transparente. En cambio, si son procesos que se instituyen desde una figura carismática ó autoritaria, llegarán sólo hasta dónde llegue ese liderazgo.
Para el año 2007 se esperan tensiones. América Latina no estará tan unida como se esperaba, además se pronostican épocas de crecimiento económico, pero con grandes dificultades para avanzar en la integración. Un tema, por demás clave, serán las relaciones con EEUU, cuyas agendas podrán ser replanteadas.
Preocupan las tensiones a futuro, hay un serio problema de polarización dentro de la región, se percibe una sensación de división, de desintegración, volatilidad en las relaciones entre los países y dentro de los países. Esperemos que los gobernantes se iluminen y marchen por el buen camino.
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