Ante el hecho consumado y con el diario de mañana en su justo día, el Gobierno del presidente Hugo Chávez Frías ha recibido un toque de atención, no esperado por la actual Administración, y sí por los analistas que en los últimos tiempos demostraban que las recientes jugadas del presidente en el ámbito internacional, podrían debilitar su liderazgo interno. Y así, la inesperada aparición de aliados incondicionales en el frente opositor, como el general Raíl Isaías Baduel, sumado a la inesperada fuerte oposición del estudiantado universitario, permitía observar un panorama no tan propicio para las apetencias políticas del militar venezolano
La Presidencia de Chávez no ha perdido ni una elección corriente, salvo el referéndum por la reforma constitucional. Algunos ya veían en esta consulta que tanto esfuerzo para consolidarlo lo había determinado como un plebiscito de su gestión. Situación que apuntaba a acercarlo más a la cima, en una carrera ascendente que ha librado desde que asumió el cargo, hace ocho años, y que se ha cimentado sobre la base de la riqueza petrolífera de su país. Con ella, gracias a un barril que aumentó más de 12 veces su precio en ese lapso, acumuló poder interno y procuró extenderlo al exterior apoyando a los presidentes de Bolivia, Evo Morales; Ecuador, Rafael Correa, y Nicaragua, Daniel Ortega, desde sus campañas electorales.
El ajustado resultado del referéndum deja varias lecciones, sobre todo a aquellos que, seguros de haber capitalizado el poder del Estado, subestiman a la gente y, en el caso de Venezuela, a una oposición que no pudo conjugarse como tal desde que no se presentó en los comicios legislativos cediendo al oficialismo el control de la Asamblea Nacional, un inocultable error político que, por supuesto ha pagado con creces.
El triunfo del “No” direccionó hacia un destinatario puntual: Hugo Chávez. En una sociedad polarizada, como también lo estuvo en diciembre de 2006 -al margen de que en ese caso el resultado fuera abrumadoramente favorable a la reelección de Chávez-, poco más de la mitad de los votantes rechazó la modificación de 69 artículos de la actual Constitución, reformada por el actual presidente en 1999.
Un tema que evidentemente causó preocupación fue la gran abstención: como dato cierto recordemos que el oficialismo obtuvo tres millones de votos menos que en los anteriores comicios.
Consideremos que la oposición, sin un líder visible, confirmó la posibilidad de dirimir en las urnas, democráticamente, como corresponde, en lugar de orquestar desalojos violentos, como ocurrió en abril de 2002 con el fallido golpe cívico-militar encabezado por el empresario Pedro Carmona.
Es saludable para la democracia y las instituciones venezolanas y latinoamericanas que Chávez haya encontrado un obstáculo dentro de su propio país. No sólo por sus cruces recientes contra el rey Juan Carlos de España y el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, así como contra varios ex presidentes, sino por la respuesta de su pueblo a medidas que podían poner en riesgo a Venezuela. Entre ellas, la ampliación del período presidencial de seis a siete años y no pocas atribuciones personales para Chávez, como el control de las reservas en divisas extranjeras, del banco central y del orden territorial del país, así como mayores poderes para confiscar propiedades, censurar medios de comunicación en situaciones de emergencia, etc.
Sin la reforma constitucional, Chávez ya domina la Asamblea Nacional, la Corte Suprema y la compañía Petróleos de Venezuela (Pdvsa), lo cual nos parece excesivo en una democracia. Con la reforma aprobada, que hubiera sido un trámite sencillo si ganaba el “Sí” en el referéndum, Chávez iba a disponer del control absoluto de todos los recursos, "creando las mejores condiciones para la construcción de una democracia socialista".
Esta vez, el fervor nacionalista que quiso exaltar Chávez contra España y Colombia, como antes lo hizo contra México y EEUU, no se vio acompañado en los resultados de la consulta.
Será porque los venezolanos, llamados a votar hace apenas un año para reelegirlo, no esperaban un plebiscito, sino que aguardaban mayor atención a las urgencias que un país rico como Venezuela no debería padecer. Quizá esta situación lleve al presidente a la reflexión, a escuchar la voz de su pueblo, sabia por cierto, y a la que tanto presume de satisfacer. |