Sin duda, existe cada vez más preocupación en todos los habitantes del planeta por los cambios climáticos que se vienen gestando. Si bien no existe información histórica que permita definir con toda claridad cuánto es la contribución de los gases de efecto invernadero a los nuevos parajes desérticos en ciertas zonas, a las torrenciales lluvias y rápida desaparición de glaciares en otras, es un hecho que sí afecta al clima y que debemos trabajar incesantemente en minimizar estas emisiones. Esta tarea no resulta nada fácil, debido a dos hechos reales y concretos.
El primero es que la demanda de energía, prácticamente, se incrementará un 50% desde ahora, 235 Mmbep, a 335 MMbep en 2030. Lo anterior, en primer lugar, por el incremento que se tendrá de la población mundial de los 6.500 millones actuales a 8.000 millones en el año 2030. También contribuye el acelerado incremento económico que se pronostica de los países en vías de desarrollo, muy particularmente de China, India y otros países asiáticos, que demandarán energía adicional a un ritmo anual de 3,2%.
En segundo lugar, lastimosamente, todas las predicciones que se tienen sobre la demanda de energía apuntan a que en el año 2030, los combustibles fósiles seguirán dominado la estructura de demanda global de energía. En 2030, se estima que aproximadamente el 80% de la demanda energética mundial vendrá del petróleo, gas natural y carbón, mientras se prevé que únicamente, el restante 20% provenga de otras fuentes alternativas como la nuclear, biocombustibles, solar, eólica, etc.
Las dos causas anteriores nos señalan claramente que las emisiones de gases invernadero a la atmósfera crecerán también a ritmo acelerado. Actualmente se emiten 25.000 millones de toneladas métricas de CO2 y en 2030 se estima que se emitirán muy cerca de 40.000 millones, con un crecimiento estimado promedio anual del 3,2 al 3.5%. Sólo a efectos comparativos, EEUU contribuye con 20 toneladas de CO2 por habitante, mientras los países de la OCDE tienen un promedio de 11 toneladas y Latinoamérica y el Caribe (LAC) de 2,5. Sólo hay que imaginar cuál será el efecto sobre el planeta cuando las emisiones de China e India (que son menores a las de LAC) aumenten y el nivel de vida se incremente rápidamente en estos países.
Lo descrito anteriormente parece catastrófico, sin embargo el ser humano no duerme y en varios países, universidades y empresas del mundo, se está trabajando incesantemente en investigación científica para poder reducir y muy pronto eliminar las emisiones de CO2. Esta tecnología, conocida como “Captura y Almacenamiento de CO2”, es sin duda una solución al crecimiento de la demanda y la adicción al petróleo que tendremos en las próximas tres décadas todavía.
La Captura y Almacenamiento de CO2 no es más que el poder extraer de la corriente de gases de la combustión el CO2 para poder transportarlo mediante tuberías y almacenarlo en depósitos mineros no explotados, en acuíferos salinos profundos o en reservorios petroleros agotados.
Esta última alternativa, los campos petroleros ya agotados, es una opción que comercialmente está siendo implementada en muchos lugares, en virtud de que el CO2 extraído es utilizado para inyectarlo y hacer posible la recuperación mejorada en los reservorios abandonados, posibilitando la extracción de más hidrocarburos.
Antes que la Captura y Almacenamiento de CO2 pueda ser utilizada masivamente en lugares de grandes emisiones (plantas de generación eléctrica, complejos petroquímicos, refinerías, mineros, etc., que contribuyen aproximadamente el 60% de las descargas de CO2 a la atmósfera), la operación debe todavía bajar en los costos y paralelamente se debe asegurar que se manejen adecuadamente los aspectos regulatorios y técnicos para tener seguridad e integridad de todo el proceso.
Consideramos fundamental que entidades mundiales como Naciones Unidas comprometan a todos los países del planeta y muy en particular a los países que más contaminan, a que se impongan restricciones más estrictas y cumplan con las emisiones que se permiten. De esta manera se forzará a que la tecnología para Captura y Almacenamiento de CO2 baje en sus costos y se utilice masivamente. Posiblemente se trata de una de las pocas soluciones certeras que tenemos.
* Álvaro Ríos Roca, es el actual secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade) por el periodo 2006-2008. Ex ministro de Hidrocarburos de Bolivia. Experto en áreas relacionadas con el sector energético que le ha permitido desempeñarse como asesor en varios proyectos energéticos internacionales, conferencista, analista y articulista en varios medios de comunicación de América Latina. Estudios de Ingeniería Química en Estados Unidos.
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