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Creyente o no creyente. Católico
o santero. Lo cierto es que no nada que la gran mayoría
de los cubanos espere en el nuevo año con tanta expectación
como la llamada “Letra del Año”, un texto extraído
de varias caracolas lanzadas sobre una tela de terciopelo y que
avalan en 2007 950 santeros o “sacerdotes de Ifá”
Aguardan por este conjuro muchas personas que creen
con fervor en este rito traído a la isla por esclavos africanos
y que, con el tiempo, consiguieron que sus deidades tuvieran homólogos
en los mismos santos de la iglesia católica.
Pero también los hay que comparten los dos
bandos, el católico y el yoruba. Son los que van a misa
algún que otro domingo y luego, en le ceiba (nombre de
un frondoso árbol) más cercana lanzan ofrecimientos
alimenticios a la deidad simpatizante. Y no faltan aquellos que
no creen ni en su propia sombra, redomados ateos a quienes “les
pica la curiosidad” y se acercan a leer la Letra.
Ya están en plena calle los comentarios más
diversos al igual que las interpretaciones. Sabido es que la letra
no posee un carácter local, sino internacional, en ocasiones
avalada por babalaos extranjeros invitados a la ceremonia. Máxime
cuando la isla entra en un año que de cara al futuro deberá
ser muy importante en la política, la economía y
la sociedad.
En Cuba, decía el poeta nacional Nicolás
Guillén, quien no tiene de congo tiene de carabalí.
Por más folklor que por otro motivo, más de un cubano
ha acudido ante un babalao con problemas tan disímiles
como colores posee un pantón. Edades, sexos o filiaciones
políticas no constituyen impedimentos para una “limpieza”
o la búsqueda de una solución bien sea matrimonial
o por esa visa para viajar a España que no acaba de llegar.
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