Después de los festejos caseros por el año nuevo, que parecieron ayer, los cubanos se sorprenden entre sí al comentar que ya vamos camino de la mitad de enero. En otras palabras, que estamos viviendo de manera muy rápida.
Pero esa velocidad es algo relativa en cuanto a los problemas del día a día que deben enfrentar los naturales y extranjeros residentes permanentes, que por muy solventes que sean también son víctimas de la burocracia y otros males que carcomen esta isla.
Entretanto, aquellos que años atrás se preguntaban y preguntaban qué pasaría en una Cuba sin Fidel, ya en breve tendremos también cinco meses de la ausencia del líder y con ellos la respuesta.
Si Fidel se recupera y vuelve al poder es cuestión única y exclusivamente del factor tiempo. Si ya definitivamente es su hermano quien lleva la totalidad de las riendas es pura realidad. Sin grandes saltos espectaculares, el balance de estos cinco meses no debe dejar lugar a dudas. El país está transitando hacia un cambio de mejor socialismo, más práctico, más ordenado.
Especulaciones de cambios y reformas en ese sentido nublan los cielos de la isla. Desde los más apartados rincones hasta las grandes ciudades la gente desea soluciones que le hagan más llevadera la vida. Y ese es el gran reto de hoy por hoy en Cuba.
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