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Año IX - Madrid, viernes 19 de enero de 2007
 
Opinión
 
El verdadero estado de salud del presidente Fidel Castro

Aurelio Pedroso (La Habana)

Desde que Fidel Castro sorprendió a medio mundo y a toda Cuba con aquella proclama del 31 de julio del pasado año en la que traspasaba todos sus poderes al hermano Raúl, amén del agua que ha caído, otro tanto ha ocurrido con los rumores y comentarios.

Muy lógicos todos en razón de la fama del comandante, con tantos amigos, enemigos e imparciales. Pero además, con ese broche tan hermético que aún hoy día persiste y que no es otro que el “secreto de Estado” que se declaró a todo lo relacionado con el primer momento su enfermedad, su(s) operación(es) quirúrgica(s) y su restablecimiento o involución.

Un proceso que desde los primeros momentos dejó caer con diversas dosis sobre la opinión pública nacional e internacional, un grupo de pormenores encaminados en primer término a que Castro vivía, se recuperaba y tomaba parte en algunas decisiones de gobierno.

Estas muestras gráficas, filmadas o escritas con el transcurso del tiempo fueron cada vez menores y a la vez mayores los comentarios relacionados a su salud y la vuelta o no a las riendas de un proceso que lleva su indiscutible sello personal.

Y en una de esas apacibles mañanas en las que el cubano se levanta, llegó hasta los más apartados rincones de la geografía insular mediante emisoras extranjeras de onda corta la noticia del médico español y su diagnóstico de que no había señal alguna del cáncer terminal que le estaban cargando desde el vecino EEUU.

Las autoridades cubanas desde entonces han guardado un absoluto silencio en torno al asunto, salvo aislados comentarios al parecer para nada oficiales y sí familiares como esas declaraciones que la prensa le atribuye al hijo mayor del comandante, Fidel Castro Díaz-Balart (54 años), quien en medio del dilema nacido en España, él desde Chile aseguraba que su padre se recuperaba.

El episodio tomó caracteres de largometraje porque hasta el cierre de esta semana aún continuaba la historia gracias a ese artículo del diario español El País , donde fuentes anónimas postraban a Fidel y no le daban mucho tiempo de vida. Anuncios desmentidos nuevamente por el doctor José Luis García Sabrido, del madrileño hospital Gregorio Marañón.

Entre los comentarios más sensatos que recorren las calles de La Habana está que, en efecto, dada la edad del comandante (80 años) y esa trayectoria de resquebrajamiento de su salud que venía presentando en los últimos cinco años con caídas y desvanecimientos en público, resulta poco probable ese retorno a tantas y tantas funciones concentradas en una sola persona.

Desde el exterior, e incumpliendo un ruego de no divulgación de la llamada, el presidente venezolano, Hugo Chávez, dijo recientemente que Fidel le había hablado para felicitarlo por las recientes nacionalizaciones.

Al margen de las características y los manejos locales que se le puedan dar a tan delicada situación, la gente en Cuba y fuera de ella parece olvidar o desconocer qué es un secreto de Estado con todos los matices que acompañan a este caso en concreto.

El tiempo es el único que lo tiene todo claro. Lo demás son aspavientos para sustentar tal o más cual tendencia o propósito.
 
 

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