Luego del resonante triunfo obetenido en la segunda vuelta, con más de 58 millones de votos -récord en la historia brasileña-, Luiz Inacio Lula Da Silva comienza la gestión correspondiente a su segundo mandato.
Por sus dimensiones, el Brasil posee la economía más importante de la región. Es, por cierto, el mayor exportador del mundo de azúcar, café, jugo de naranja, alcohol para combustibles, soja, carne vacuna, tabaco y pollos. Además, es el tercer exportador del globo de aviones, mercado en el que Embraer sólo es superado por los gigantes Boeing y Airbus. Asimismo, tiene más empresas automotrices que ningún otro país y todas sus terminales exportan vehículos. En materia de hidrocarburos, este país posee el liderazgo tecnológico mundial en cuanto a exploración y producción en aguas profundas, encaminándose firmemente a su autoabastecimiento, que se propone lograr en no mucho tiempo.
Sin embargo, Brasil muestra marcados contrates entre el sur rico y el norte pobre, donde, sin duda, queda mucho por hacer en materia de inclusión social. Es un país que tradicionalmente ha exhibido con orgullo su ética de “vivir y dejar vivir”, su imagen de ‘democracia racial-super tolerante' que Brasil tiene de sí misma está siendo duramente puesta a prueba.
Obligado a resolver problemas sociales en cuestiones de innegable trascendencia (como la seguridad personal), la acción más punzante del crimen organizado y el crecimiento del narcotráfico, ambos flagelos cada vez más emparentados, en sucesos como los vividos estos días en Rìo de Janeiro, donde el nuevo gobernador del estado, Sergio Cabral, ha solicitado al Gobierno central la intervención directa de las fuerzas de seguridad a efectos de imponer el orden.
Asì, el presidente Lula, quien como se ha expuesto goza de un envidiable apoyo popular pocas veces visto, deberá encarar esta nueva Administarción con renovadas fuerzas a efectos de responder a un pueblo que le ha entregado nuevamente su confianza. Es muy probable que las divisiones surgidas durante la campaña persigan al presidente, y eso hará más difìcil que los brasileños se unan en torno a las duras medidas que el país necesita para impulsar su paquidérmica economía.
El presidente intentará, seguramente, mejorar la tasa de crecimiento económico, llevàndola del 2,8% en 2006 al 5% en este año, lo cual es fundamental si pretende comenzar a atacar de manera efectiva la pobreza que castiga a gran parte del pueblo brasileño. Algo que ha reconocido expresamente Lula en su discurso de acepatciòn del segundo mandato, en el que prometió seguir siendo prudente, pero un constante abanderado de los humildes, a los que seguramente les debe su triunfo. |