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Año IX - Madrid, viernes 26 de enero de 2007
 
Opinión
 
Lula: segundas partes (III)

Juan Varde (Buenos Aires)

Mediante su alianza con el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), integrado por importantes agrupaciones políticas regionales, Lula podrá, con seguridad, superar en la labor parlamentaria la crisis que afecta a su propio partido, el Partido de los Trabajadores (PT), que tras las elecciones perdió presencia relativa en el Congreso, al ser afectado por las denuncias de corrupción que, respecto de sobresueldos ilegales a congresistas y contribuciones a las campañas electorales, se acumularon en su contra y quizás aún pueden gravitar negativamente sobre la marcha de su nueva Administración.

Así, el pueblo brasileño, envió un mensaje con su voto estratégico por el equilibrio de poderes, si se consolida un bipartidismo nacional. En el ámbito legislativo y provincial lo que se destaca es el multipartidismo, tendencia que abre un planteo defensivo frente al presidencialismo imperial que caracterizó los primeros gobiernos de la transición.

Por eso el PT se llevó la Presidencia con más del 60% de los votos en el balotaje (segunda vuelta), pero sólo controlará el  26% y el 29% de los escaños en el Senado y el Congreso, respectivamente. Veintiuna fuerzas ganaron representación en ambas cámaras, 16 de ellas sin ningún tipo de vínculo con la alianza que reeligió a Lula.

En la práctica, el elector brasileño buscó la desconcentración del poder y la representación política; el que gobierne a escala federal debe olvidarse de las aspiraciones hegemónicas y no tendrá otra alternativa que disponerse a negociar con otras fuerzas de orden subnacional. Los ciudadanos votaron mayoritariamente con sus bolsillos y no parecen dispuestos a probar otros métodos de decisión.

Para un pueblo con enormes diferencias educativas y baja atención política, la racionalidad de su decisión ha sido por demás brillante, ha imperado el sentido común. Sería interesante que los demás países de la región imitaran el ejemplo ciudadano brasileño.

El pragmatismo de Lula sugiere que no habrá grandes cambios en materia de responsabilidad fiscal, política monetaria, endeudamiento externo, superávit primario, relativa apertura económica, integración continental y acuerdos comerciales con otros países de fuera de la región.

Es de presumir que el presidente brasileño profundizará sus programas de asistencia social, en línea con el “Plan Bolsa Familia”, que ha tenido gran acogida en los sectores de menores ingresos. También, y como ya lo ha demostrado, es previsible que el plan de  234.000 millones de dólares acelerará la inversión en infraestructuras y la obra publica en general, a efectos de mejorar la competitividad de la economía brasileña y crear así mayores oportunidades de empleo que redundarán en beneficio del pueblo.

Muchos analistas apuestan por Brasil; la región lo necesita.

Lula: segundas partes (I)
Lula: segundas partes (II)

 
 

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