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Año X - Madrid, viernes 16 de enero de 2009
 
Opinión
 
Una magnífica biografía

Alberto Miguel Arruti

Walter Isaacson, que ha sido director ejecutivo de la revista Time, autor de las biografías “Benjamin Franklin: An American life” y “Kissinger: A Biography” ha escrito un estudio sobre la vida y la obra de Einstein, que lleva por subtítulo: Su vida y su universo.

Escribir una biografía es introducirse en la vida de un ser humano y describir lo que ha hecho, lo que pensaba y lo que no llegó a hacer. Es también describir el medio social, político y económico en el que transcurrió su vida y cómo ese medio le influyó. Aquí vemos a Einstein en el Politécnico de Zurich, en Praga, en Berlín, en los congresos Solvay y, finalmente, en Estados Unidos. Bajo la palabra relatividad se esconden dos teorías diferentes, aunque relacionadas entre sí: la relatividad especial y la relatividad general. Ambas son, respectivamente, de 1905 y de 1915. Ortega y Gasset calificó la relatividad en 1923 como “el hecho intelectual de más rango que el presente puede ostentar”.

En su artículo, “Electrodinámica de los cuerpos en movimiento”, Einstein abordó el problema de que las ecuaciones de Maxwell no mantenían la misma forma bajo las transformaciones de Galileo. Lo que no sucedía con las ecuaciones de la Mecánica de Newton. Aunque Poincaré se preocupó de este tema fue Einstein quien lo explicó asumiendo que la velocidad de la luz es la misma independientemente del sistema de referencia desde el que se la emita. Además, Einstein mantuvo que las ecuaciones de la Física deben mantener la misma forma en todos los sistemas inerciales, pero las transformaciones de Galileo debían ser sustituidas por otras (transformaciones de Lorentz). Se llegaba a la idea auténticamente revolucionaria de que la medida del tiempo, la medida que hacen los correspondientes observadores no es el mismo en sistemas inerciales diferentes.

Pero dejemos a Einstein con sus teorías, que cambiaron completamente la Física. Por ejemplo, ¿qué postura política tenía? Pacifismo es la palabra que le define. “Me parece una tarea completamente inútil prescribir reglas y limitaciones para la conducta en la guerra. La guerra no es un juego; y, por lo tanto, no se puede librar la guerra con reglas como se hace en los juegos. Nuestra lucha debe ser contra la propia guerra. Las masas populares pueden luchar más eficazmente contra la institución de la guerra estableciendo una organización para el rechazo absoluto al servicio militar”. Otro tema a considerar fue la célebre y conocida carta al presidente Roossvelt, en la que hablaba de la posibilidad de una bomba, capaz de desatar una reacción nuclear en cadena en una gran masa de uranio lo que llevaría a la construcción “de bombas extremadamente potentes. Una sola bomba de este tipo, transportada por barco y detonada en un puerto, podría muy bien destruir todo el puerto junto con parte del territorio circundante”. Siempre se sospechó y se temió que los alemanes podían fabricar, antes que cualquier otro país, este tipo de bombas.

Rechazó la idea de ser presidente del Estado de Israel. Cambió de postura frente al Estado judío. Y llegó a escribir que nunca había considerado “que la idea de un estado fuera buena, por razones económicas, políticas y militares. Pero ahora ya no hay vuelta atrás, y hay que luchar hasta el fin”.

En definitiva un ser humano, con sus luces y sus sombras, con sus contradicciones y con muchos aspectos positivos en su vida y en su obra. Y, sin duda, la figura científica más importante del siglo pasado. Lo que nadie puede negar.
 
 

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