La economía, en la reciente Memoria y Cuenta del presidente Chávez en la Asamblea Nacional se define entre la irrealidad y la mentira.
Primero: resulta auspicioso que el presidente anuncie un monto de inversiones de 225.000 millones de dólares en los próximos cinco años. Creemos en su necesidad. Nuestro Plan Especial Anti Crisis incluye propuestas en ese sentido. Pero, inevitablemente surge la duda sobre cómo financiarlas, en el conflictivo entorno que él mismo se construye.
Hablemos de promedios: cada año debería invertirse 45.000 millones. Eso es más del 50% del presupuesto nacional formulado y cerca del doble de los ingresos petroleros de este año, si los precios se mantienen en el nivel actual. Por tanto, triplemente irreal: por lo dicho, por lo inflado del presupuesto en el actual entorno de merma de ingresos y por lo que esa inversión significa porcentualmente, sin ninguna relación con las cifras históricas.
Supongamos que la cifra incluye aportes de los diversos fondos parapresupuestarios. Pues resulta que esos son la tabla de salvación este año frente a la caída de los ingresos de divisas e ingresos presupuestarios corrientes. Y no poseen –a pesar de que son cifras ocultas- más de 35.000 millones de dólares. Que se agotarán en menos de un año y no son reproducibles.
O asumamos, para facilitarle la tarea al presidente, que recurre a sus socios geopolíticos: ya Rusia declaró su decisión de austeridad y redujo sus aportes externos y desde julio le está negando créditos a Venezuela. Lo demás, por ejemplo Irán, no sólo no cuenta, sino que tiene costos políticos importantes. Es como financiarse con la mafia.
Tampoco Venezuela atrae inversión extranjera directa ni de portafolio. Los mercados de crédito están en crisis, etc., etc.
Segundo: no es verdad que se dispone de reservas internacionales para dos años de importaciones ni que ellas puedan usarse para ese fin.
Las reservas cerraron en menos de 40.000 millones de dólares. Eso está por debajo de las importaciones de un año, situadas este año cerca de 50.000 millones. Y su uso para el financiamiento monetario podría disparar un nuevo problema: una aproximación a una hiperinflación, que es un problema que el régimen no sabe manejar. No puede controlar la inflación; mucho menos, un severo problema monetario.
Fíjense que los mismos recursos –reservas y fondos- se estarían destinando para más de un fin y más de una vez. Eso es precisamente recurrir a la monetización de las reservas y la emisión de dinero inorgánico. Es entrar en zona de altísimo riesgo. Y lo hemos advertido con toda responsabilidad.
Tercero: es verdad que, formalmente, Venezuela no está en recesión. Eso, en razón de que aún percibimos ingresos externos con los precios petroleros de hace tres meses. Los altos ingresos y su inyección al gasto público son lo único que explica el crecimiento reciente. Pero hay una franca desaceleración, que podría llevar a una recesión o una contracción.
La perspectiva de al menos los dos primeros trimestres de este año es claramente negativa. Y en política económica no se actúa sobre el pasado sino sobre el futuro. Observen, por ejemplo, la insistencia del presidente Obama en actuar antes de los acontecimientos. O la profusión del planes anti crisis en el mundo y América Latina, en particular.
Cuarto: entonces, sí es necesario un Plan Especia Anti Crisis. Que sea un “paquetazo” o un ajuste no traumático depende de la inteligencia económica y política con la cual se diseñe.
Sin hacernos esperanzas sobre ese supuesto, sin embargo creemos que hay que afrontar la inocultable crisis de ingresos externos y de recursos fiscales, con sus implicaciones sobre las otras variables macroeconómicas. Fíjense que la desorientación e ignorancia del Presidente llegan hasta afirmar que sí habrá una baja del crecimiento. Textualmente dijo que “la economía nacional seguirá creciendo, aunque a un ritmo más lento del registrado en los últimos años”.
Veamos: este año fue menos del 5%. Pero la premisa del presupuesto recientemente aprobado es que será el 6%. O sea, un aumento, en vez de una disminución. La afirmación del presidente es un abandono de sus anteriores premisas para este año y un implícito reconocimiento de la necesidad del ajuste.
Es la oportunidad para una movilización nacional con base en una alternativa conveniente a la sociedad y la economía en la atención integral del severo problema presente, que sea válida a corto, mediano y largo plazos, de forma de anteponer una actuación responsable frente a la insatisfactoria conducción económica oficial.