Señores, así es el tiempo: todo pasa y todo llega. En especial, para el futuro de la región. La cuenta atrás ya ha comenzado, Barack Obama ya es presidente de EEUU, justamente en un año donde se pondrán en juego siete administraciones que se encargarán de cerrar un tejido regional de transición a la democracia que se inició en Argentina, hace ya veinticinco años
Casualmente, el final del ciclo está determinado fuertemente cuando en EEUU se produce la toma de posesión de Obama, lo que sin lugar a dudas demuestra no sólo un cambio político, sino también generacional y cultural.
Notoriamente este final de ciclo se ha puesto de manifiesto cuando el mundo enfrenta la crisis más grave, en términos de empleo y producción, desde la gran depresión de 1929, revelada en los países de la región donde la caída de los precios en los mercados internacionales de productos primarios, la desaceleración de las exportaciones, la comprobada reducción en el volumen de la inversión extranjera directa, y la incuestionable caída en el envío de remesas de divisas de los latinoamericanos que trabajan en los países centrales, hacen por demás critica.
La situación de la región es más grave aún si cabe si tenemos en cuenta la desigualdad entre los ciudadanos. Con este telón de fondo, vale la pena preguntarse cuales serían los puntos primarios a efectos de relacionarse de la manera más relevante posible ante EEUU, principal potencia económica y militar del mundo.
Algunas de las razones que justificarían la magnitud de las relaciones con América Latina, desde la óptica de los EEUU, serían las siguientes. Por un lado, el aspecto comercial. Ya existe una considerable importancia del mercado de América latina para las exportaciones desde los EEUU. También hay que tener en cuenta razones de seguridad energética, ya que tres países de América Latina son importantes abastecedores de combustibles de los EEUU.
No hay que olvidar tampoco la importancia del papel de los países de América latina en la definición de temas globales relevantes -como el narcotráfico o el cambio climático- a los que EEUU les remite suma importancia.
Además, las condiciones económicas y sociales de los países de América latina influyen de manera decisiva en la magnitud y las características de las corrientes migratorias hacia los estados Unidos. Así a base de mano alzada los puntos que deberían jugar primariamente tal situación serían:
- El fortalecimiento de la democracia, donde el imperio de la ley y el respeto de los derechos humanos apuntarían como factores claves.
- La promoción de la integración económica a través de políticas comerciales abiertas y claras, lo que, a decir verdad fue un baluarte esgrimido por la administración Bush. Recordemos que los demócratas siempre se han demostrado muy cautelosos, por llamarlo tibiamente, a los acuerdos de libre comercio.
- Espacio consolidado frente a las amenazas que provienen del narcotráfico, el crimen organizado y el terrorismo, donde ya en su discurso Obama envío claras y ciertas señales, que lo comprometen fuertemente.
Y, por último, la reducción de la pobreza y la desigualdad como condición de estabilidad política, económica y demográfica, realmente una situación en que, los hechos dan fe, muy pocos gobiernos de la región se han puesto a trabajar como corresponde a efectos de combatir este flagelo.