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Año IX - Madrid, viernes 2 de febrero de 2007
 
Opinión
 
Lula: segundas partes (y IV)

Juan Varde (Buenos Aires)

Generalmente, los segundos periodos presidenciales suelen ser más complicados que los primeros; sucede en todo el globo y, por supuesto, también en Brasil, donde el ex presidente Fernando Henrique Cardoso no fue una excepción.

Lula, en el mandato ya finalizado dio prioridad a su rol en el concierto mundial. El plan “Hambre Cero”, presentado junto con Francia, España, y Chile en la ONU, la búsqueda junto con Alemania, India, y Japón de una banca permanente en el Consejo de Seguridad, la configuración junto a Sudáfrica e India del G-3, sumado a la presencia de Lula en las últimas cumbres del G-8 , demostraron un Itamaraty* activo, que brindó al mandatario brasileño un considerable espacio en el marco internacional.

Sin embargo, en la región, la política exterior del Brasil mostró deficiencias y por momentos, contradicciones. La Comunidad Sudamericana de Naciones, por Brasil impulsada, no logró avances importantes y con el transcurrir del tiempo fue perdiendo vigencia. El Mercosur tampoco avanzó en ninguna de sus direcciones, ni profundizando decisiones, ni en la negociación con otros países ó bloques.

El presidente Hugo Chávez Frías se transformó en un figura preponderante en la región, superando la influencia de Brasil en varias situaciones. Además, conflictos con Bolivia por el gas y por la petrolera Petrobrás dieron muestra cierta de las limitaciones del liderazgo regional brasileño ya que el manejo fue como mínimo poco eficaz y falto de convicción.

Varios diplomáticos brasileños ven al presidente venezolano como una valija sin manija; nada más incómodo que eso. La relación de poder entre Lula y Chávez durante los próximos cuatro años será el eje de la geopolítica regional, vislumbrando a la Argentina como posibilidad a ser llamada a inclinar la balanza.

Lo que Chávez no entiende es que Lula no está dispuesto a una integración basada en una circunstancial coincidencias de gobiernos de izquierda o centroizquierda en todo el continente. Primero, porque son pocas las semejanzas entre el Gobierno de centroizquierda de Michelle Bachelet y la Administración de Evo Morales, y segundo, porque el ciudadano brasileño le huye a discusiones ‘ideologizantes'.

Para este segundo mandato, seguramente Lula estará más que atento a la región, dándole la prioridad que amerita. Sería, comentan en Itamaraty, que Brasil retome con firmeza el liderazgo perdido, dando a su relación extra-continental menor prioridad.  Esto implica una política más convincente y precisa, nunca tan frontal como es característica de la política exterior de Brasil, a efectos de limitar la influencia creciente del presidente venezolano.

En esta situación, la política hacia Bolivia, por el tema hidrocarburos, será más firme, mientras que los lazos con los países sudamericanos del Pacífico (Colombia, Perú y Chile), los que muestran un diálogo fluido con EEUU, sin duda mejorarán.

Con este panorama, Lula intentará en su segundo mandato ir ocupando gradual y progresivamente el casillero que EEUU ha dejado libre en América del Sur, sin pretender un liderazgo explícito, como buceó en el primer mandato, sino asumiendo un rol de factor equilibrante.

* Palacio sede del Ministerio de Exteriores brasileño.

 
 

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