El crecimiento económico es sin lugar a dudas el mayor logro que puede demostrar América Latina en 2006: un 4,5% de crecimiento sin déficit externo, una inflación promedio del 6% y equilibrio fiscal. Nunca nada parecido, ni por asomo, se ha conseguido en décadas.
Las exportaciones serán récord, estimándose que llegarán 656.000 millones de dólares debido al aumento de valor de las materias primas. Así, las ventas al exterior han crecido en Bolivia (a pesar de la profunda crisis política que sufre gracias al manejo poco prolijo de Evo Morales), las de Perú crecieron el 37 %; Ecuador, el 27 %, Venezuela, el 26%; México, el 20 %; Brasil, el 16%; Colombia, el 15%; Argentina, 14%; Paraguay, 13 %...
Pero volviendo al crecimiento económico, la Cepal estima que ha sido mayor aún (del 4,5%) y llega al 5,3%. Es el cuarto año consecutivo de crecimiento y el tercero en el que se supera el 4 %, luego de haber crecido entre 1980 y el 2002 a un promedio de un desteñido 2,2% anual.
Así, la región está disfrutando del periodo de expansión más determinante en años. Varios países se ven beneficiados gracias a una estabilidad macroeconómica y de un crecimiento más acelerado.
La inflación ha caído y millones de personas han logrado escapar del flagelo de la pobreza. Ahora lo más importante para los gobiernos de América Latina es consolidar esos avances y prontamente tomar las medidas a efectos de mejorar las condiciones de vida de todos los segmentos de la población.
A sabiendas de este desafío, las administraciones latinoamericanas estimarán clave elevar y dar las condiciones adecuadas para alentar la inversión y así elevar la productividad hasta cotas que muestran otras regiones con un crecimiento más homogéneo y dinámico, implementado, además, las políticas públicas para acentuar la reducción de la desigualdad imperante.
Por cierto, la expansión económica en la región, hoy por hoy, muestra un sustento más firme que en el pasado, cuando los auges sembraban las semillas y provocaban su autodestrucción. Actualmente, los saldos de las cuentas públicas externas son más confiables, por demás sólidas, las reservas internacionales son más elevadas y en algunos países el régimen cambiario es flexible, lo que ayuda a soportar turbulencias externas.
La estructura de la deuda externa es menos comprometida, la inflación es menor y la competitividad se ha mantenido, a pesar de algunos contratiempos. Por lo tanto, así como se perfila hoy, América Latina está en condiciones de seguir creciendo.
Aún ante la posible desaceleración de la economía de EEUU, se espera que la región crezca algo más del 4% en 2007. La inflación, en general está decreciendo, esperándose un promedio de alrededor del 5 % también para este año.
Todo será así si aprovechamos el viento de cola que brinda el favorable contexto económico mundial que, según parece, soplará para rato.
La región puede progresar más aún, lo que le permitiría ubicarse entre las economías más dinámicas del globo. Para ello debe priorizar su estabilidad económica, fortaleciendo las instituciones responsables de la política macroeconómica, adoptando, además, políticas rígidas de gasto y tributación a efectos de que sean más efectivas en la protección de los más pobres y, por último, eliminar las trabas burocráticas y barreras estructurales con el objetivo primario de facilitar la inversión y proyectar y apostar al crecimiento.
Los gobernantes tienen la palabra. |