Muy, pero que muy lejos estaba el cantautor Carlos Puebla para imaginar que a casi medio siglo de componer aquella canción, se acabara la diversión porque el comandante había llegado y mandado a parar: Aplazados los festejos por su muerte en el estadio Orange Bowl de Miami
Como dijo alguien por esa ciudad, la segunda más poblada de cubanos después de Ciudad de La Habana, “el muerto no puso el muerto”.
Justo al cumplirse el medio año del traspaso de poderes a su hermano Raúl, un periodo cargado de conjeturas a más no poder y que aún no ha terminado, Fidel Castro mereció él solo las dos portadas de Granma y Juventud Rebelde en su encuentro con el presidente venezolano, Hugo Chávez.
Visto y comprobado está que se sabrá de la salud del líder cuando éste lo estime pertinente, salvo que otros se vayan de lengua como lo hace Chávez a cada rato y en sus momentos el cirujano español José Luis García Sabrido.
Repuesto está de tan complicada intervención. Su disponibilidad para asumir funciones de dirección está por ver. Al parecer, no estaban muy errados aquellos que desde un primer instante apostaron por que Fidel salvaría la vida y quedaría como elemento de referencia, de consulta, pero difícilmente de dirección, Ochenta años y una cadena casi consecutiva de desvanecimientos, caídas, y ahora esta intervención, harán pensar a cualquier sensato que quienes desde un principio fueron designados por el Comandante para un grupo de tareas, sean los que den continuidad a un proceso sin mucha actividad por parte del líder.
El momento en la isla no puede ser más interesante. Fidel vive. No habrá por ahora festejos en el Orange Bowl. Muchos cubanos han experimentado una gran alegría al saber que “el uno” va reponiéndose, pero no es menos cierto que el país y pueblo necesitan de soluciones no distantes en el tiempo. |