La gran potencia imperial, ese vecino a sólo 90 millas náuticas (150 kilómetros), no tiene “absolutamente ninguna” intención de iniciar un ataque militar contra la isla. De tal forma lo ha sentenciado Carlos Gutiérrez, Secretario de Comercio de EEUU.
“Queremos que sepan que no tenemos aspiraciones imperialistas para Cuba”, le dijo a la agencia inglesa Reuters para más adelante apuntar: “No tenemos ningún interés en ir allá y sacar a la gente de sus casas. No hay absolutamente ninguna intención militar”
En buen cubano, callejero y popular, “una cosa piensa el borracho y otra el bodeguero” porque la isla no deja de prepararse para cualquier suerte de agresión.
Ciertamente, después de la última agresión, apoyada y financiada por Washington, cuando en 1961 Washington intentó crear una cabeza de playa para instalar un gobierno provisional en la zona de Playa Girón, o Bahía de Cochinos, los niños de entonces comenzaron a crecer con la inculcada idea de una próxima intervención y hoy día ya mueren de viejos sin que la guerra haya llegado.
Para este año y bajo el mandato del general Raúl Castro, presidente interino, la idea de la preparación militar para una eventual invasión constituye la prioridad número uno en el trabajo político y de propaganda para con la población.
Dado a aparecer poco ante las cámaras de TV, según sus propias palabras (y algo comprobado en la práctica), en los últimos días, el general ha aparecido en múltiples actividades de carácter militar y básicamente en visitas a unidades militares y centros de adiestramiento para las reservas.
Una encuesta seria podría arrojar la sorpresa de que pocos, exceptuando los militares, consideran posible un ataque gringo. Son los que, en principio, sostienen que la cercanía es el principal impedimento para esa loca aventura.
Otros, tal vez más soñadores (o trasnochados), atribuyen la preparación para la guerra como un factor contra la tensión de los problemas del día a día, idea descartada desde esta columna. Si tales problemas no se atienden, entonces estaremos en presencia de otra conflagración. Social, por ejemplo.
Entre tanto, los militares y la llamada “guerra de todo el pueblo”, que ya constituye un principio filosófico en este país, no descartan una auténtica locura (otra más) de la actual Administración gringa, la misma que ha hecho caso omiso a sentarse en una mesa de negociación para, nunca mejor dicho, negociar la paz. |