Si bien la capital cubana sigue siendo comparable a las más tranquilas del mundo, conducir el coche o andar al descuido por las calles puede convertirse en una acción letal.
El pasado año perecieron en accidentes de tránsito un total de 230 personas y las autoridades atribuyen generalmente estas desgracias a la falta de cumplimiento por parte del conductor o peatón de las leyes de circulación.
A esto, y no es menos cierto, debe agregarse el consumo de alcohol por parte de los jóvenes durante los fines de semana. El alcoholismo, sin cifras públicas, parece estar en aumento a pesar del alto coste de rones y cervezas y el severo control que impone la policía en zonas propensas a su consumo.
Según datos oficiales, en el año 2006 se produjeron 3.451 accidentes con un saldo de 755 lesionados.
Pocas veces los especialistas reconocen que el mal estado de las vías, la ausencia de señalizaciones adecuadas y una red de semáforos obsoleta e inoperativa, contribuyen también a que ocurran estas desgracias para la vida.
El sistema norteamericano de ubicación de semáforos facilita también algún que otro accidente de turistas europeos, acostumbrados a detener el auto justo debajo del equipo y no a cinco o seis metros de distancia como suelen ubicarse a partir de la raya sobre el pavimento.
Conducir de noche en la ciudad es obra de auténticos temerarios, máxime si no conocen la ciudad, debido a la carencia de una adecuada iluminación pública en las avenidas principales.
De tal manera, que si la ciudad continúa siendo muy atractiva a la vista, algo más de atención habrá que poner al timón (volante). |