Los altos precios del petróleo y su extrema volatilidad tienen en vigilia y apesadumbrados a casi todos los habitantes del planeta. Los especuladores intermediarios, que son los más beneficiados de todo este proceso, son sin lugar a dudas uno de los más activos contribuyentes para que tengamos la volatilidad e incertidumbre que estamos observando.
Los hidrocarburos, base de la energía del planeta, no podrán ser reemplazados en el corto ni mediano plazo y por ende, seguirán jugando un papel altamente político en la relación entre países y bloques económicos. En este orden de cosas, tenemos a muchos gobiernos revisando sus políticas energéticas para tratar de depender, en el largo plazo, en menor grado de los hidrocarburos.
Para la generación de energía eléctrica existen substitutos como la nuclear, la térmica sobre la base de carbón, energía hidráulica, eólica, solar, geotérmica y otras, que aunque muchas veces repudiadas y más contaminantes que el gas natural, por ejemplo, se están analizando con detenimiento. Programas y políticas que se inicien ahora, dentro de entre cinco y 15 años fácilmente pueden marcar una nueva tendencia.
Con el petróleo el cantar es de otra naturaleza. Los derivados de este energético son usados mayormente para dar movilidad al planeta y su uso en los vehículos o sistemas de transporte ocupa gran parte de la demanda mundial y no hay substituto a la vista de corto, mediano y hasta de largo plazo.
EEUU utiliza aproximadamente el 25% del petróleo con sólo el 5% de la población global. Esto se debe al hábito que han adquirido los nortemaeicanos de manejar largas distancias y no usar masivos sistemas de transporte.
La China e India, sin duda que aspiran a tener un PIB per cápita similar al de EEUU o Europa en las próximas décadas. Esto se traducirá en un incremento notable de vehículos en el mundo. Las estadísticas indican que en 1975 había alrededor de 220 millones de vehículos, en el año 2005 este número subió a 900 millones y para 2025 se espera que existan 1.200 millones de vehículos. Este incremento pondrá una seria presión en la demanda por los derivados del petróleo, en especial el diesel y la gasolina.
Los países de Latinoamérica y el Caribe no escaparán a esta realidad mundial del petróleo y por lo tanto es imprescindible comenzar la búsqueda de soluciones que permitan iniciar un viraje en la diversificación de las matrices energéticas, en especial para el transporte en uso vehicular.
Una alternativa viable para disminuir el consumo de combustibles fósiles, y así aliviar en algo el problema económico, es la producción nacional de biocombustibles (etanol y biodiesel) utilizando productos agrícolas como: caña de azúcar, maíz, soja, higuerilla, resino, palma y otras oleaginosas, que se utilizan en mezcla con la gasolina y el diesel. Brasil ha desarrollado una experiencia sólida sobre producción y comercialización de etanol y biodiesel como combustibles, con ahorros significativos en el consumo de gasolina y diesel, desarrollando su producción agrícola y su industria de equipo, maquinaria y tecnología de punta.
Si bien estos productos no serán muy diferentes, sus precios internacionales tienen una serie de beneficios alternativos que merecen que los países de Latinoamérica y el Caribe hagan todos los esfuerzos necesarios para introducir los mismos en sus matrices energéticas en el largo plazo.
Cuando un país es importador neto de derivados de los hidrocarburos, los beneficios para la balanza comercial son muy grandes. Cuando un país es exportador de petróleo o sus derivados se pueden tener excedentes exportables, cuando se sustituye con los biocombustibles, favoreciendo también la balanza comercial, por productos elaborados internamente.
Los biocombustibles, por otro lado, favorecen y fomentan la generación de mucho más empleo, especialmente en el sector agrícola, aliviando así un gran problema de la región. Más aún, el incremento en la producción agrícola fija al agricultor en el área rural, evitando la migración hacia las grandes urbes y fomenta la utilización de esquemas productivos participativos en estas áreas.
La producción y uso de biocombustibles es también mucho más amigable en el cuidado y protección del ambiente, dada su característica de combustibles limpios, por lo que pueden aplicar a los mecanismos ambientales establecidos en el Protocolo de Kyoto. Por lo tanto, los financiamientos a través de los Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL) pueden favorecer a una gama de pequeños agricultores.
Un buen programa de biocombustibles, de largo plazo, debe ser considerado por todos los países de Latinoamérica y el Caribe, tendiendo siempre a utilizar áreas agrícolas que no comprometan la producción y crecimiento del sector destinado a los productos alimenticios.
Desde la Organización Latinoamericana de Energía (Olade) se está trabajando, con el apoyo de Brasil, en un proyecto de largo aliento para apoyar el desarrollo de biocombustibles en aquellos países que manifiesten su voluntad política de hacerlo y tengan las condiciones, principalmente agrícolas.
* Álvaro Ríos Roca, es el actual secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade) por el periodo 2006-2008. Ex ministro de Hidrocarburos de Bolivia, experto en áreas relacionadas con el sector energético que le ha permitido desempeñarse como asesor en varios proyectos energéticos internacionales, conferencista, analista y articulista en varios medios de comunicación de América Latina. Estudios de Ingeniería Química en EEUU. |