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Año VII - Madrid, viernes 7 de julio de 2006
 
Opinión
 
El sucesor de Fidel Castro

Aurelio Pedroso (La Habana)

 

El general de Ejército Raúl Castro acaba de repetir “lo que he afirmado en muchas ocasiones (...), el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana es uno solo, y únicamente el Partido Comunista (...) puede ser el digno heredero de la confianza depositada por el pueblo en su líder”.

Una cerrada ovación aprobatoria, según el reporte oficial, vino a confirmar a Cuba y a los interesados-preocupados en el resto del mundo que una vez muerto Fidel será el Partido Comunista el encargado de asumir los destinos de una nación en la que en todo, o casi en todo, estaba presente el líder histórico.

Tanto es así, que ante innumerables problemas internos o de carácter internacional a lo largo de casi medio siglo, partidarios o no de Fidel aguardaban con impaciencia a que fuera el comandante quien aclarara, dictaminara, orientara o dispusiera. Al menos hasta hoy sigue siendo así.

El próximo 13 de agosto Fidel Castro arribará a ocho décadas de vida con un vecino imperial que precisamente en estos días ha aprobado 80 millones de dólares adicionales en su trasnochado afán de fabricar en EEUU una democracia para Cuba. Curiosidades numéricas: un millón por cada año vivido. Tal vez se queden cortos.

Alcanza los 80 años en el fragor de un conjunto de tareas y compromisos que hasta no hace mucho tiempo le hicieron decir: “¡Ahora sí vamos a construir el socialismo!”.

Las palabras de Raúl fueron pronunciadas precisamente en el recién terminado “V Pleno del Comité Central del Partido” y ante una situación doméstica e internacional que precisa de un fortalecimiento partidista encaminado a darle continuidad a un proyecto cuyo arquitecto pudiera dejar existir o perder capacidad para llevar tantas riendas de responsabilidades, mando y poder.

En un solo hombre, pues, no quedará la responsabilidad de gobernar un país como Cuba. Así piensan muchos cubanos de a pie, militantes de un partido comunista, aunque en la intimidad reconocen ser de un partido “fidelista”. De igual modo se resisten a concebir que una vez más sean las potencias extranjeras las que les impongan pautas.

De modo y manera que ha sido el número dos, el hermano, el hombre designado por Fidel durante un Congreso del Partido para proseguir el camino socialista, el encargado de aclarar que “comandante en jefe es uno solo”.

 
 

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