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Año VII - Madrid, viernes 28 de julio de 2006
 
Opinión
 
Castro en 26 y camino de los 80

Aurelio Pedroso (La Habana)

A pocos días de arribar a los respetables 80 años de edad (el próximo 13 de agosto), recién llegado de un intenso viaje por Argentina con motivo de la Cumbre del Mercosur, el presidente cubano, Fidel Castro, pronunció un par de discursos el mismo día, de pie y con una duración aproximada de dos horas y 40 minutos cada uno.

Habrá comandante para rato, como suelen decir sus seguidores.

Andaba el líder por las tierras orientales de la isla, en plena conmemoración del 53 aniversario del asalto de los cuarteles Moncada (en Santiago de Cuba) y Carlos Manuel de Céspedes (en la vecina ciudad de Bayamo). Una intentona juvenil que militarmente resultó un fracaso, pero al mismo tiempo sirvió de aliciente para proseguir la lucha que llevó a Fidel Castro a las puertas de la capital un 8 de enero de 1959.

En ambas intervenciones el comandante abordó un tema central, casi único. A prima hora de la mañana, en Bayamo, y con cuatro menciones a la prodigiosa sombra -dado que en esa parte de la geografía insular el calor suele ser de respeto- y más tarde con ocasión de la inauguración de la mayor batería de grupos electrógenos del país, Fidel Castro tomó el tema de la salud como arma de combate.

Sin duda para nadie, excepto para sus más acérrimos críticos, el mensaje estaba más que claro. En un mundo que no sale de una guerra para entrar en la otra y con intermedios de cuantiosos desastres naturales, la vida humana pende del hilo de una araña.

Acerca del avance de la salud pública en la provincia de Granma, cuya capital es Bayamo, tanto Fidel como Miguel Díaz-Canel, primer secretario del Partido Comunista allí, hicieron una pormenorizada relación de logros y compromisos futuros. Algunos indicadores de salud, como la mortalidad infantil, que es más baja en Cuba que en EEUU. Tanto, que desde el podio fueron invitados para visitar la isla el propio presidente Bush y todos aquellos implicados en ese plan de transición democrática importado desde Washington.

Y como al valle el buen estudioso lo observa desde lo alto y luego desde la base, una granmense radicada en La Habana me explicaba que hasta hace no mucho tiempo tenía a toda la parentela en su casa habanera en trajines médicos, y que ahora resulta todo al revés, que son los de La Habana los que van hacia allá, lo mismo para colocarse nuevos dientes, someterse a alguna operación quirúrgica o a verse por dentro no sé qué parte del riñón.

El propósito “médico” del comandante va más allá de las fronteras. En la ciudad cubana de Holguín, unas 1.600 viviendas de simples pobladores han dado techo a estudiantes bolivianos de medicina y ya está en marcha un proyecto cubano-venezolano para 200.000 médicos del Tercer Mundo en una década.

Todos los consultados coinciden en haber visto a un Fidel Castro muy alegre y optimista, amén de resistente en sendas intervenciones. Todo, a pesar de esas ocho décadas que también le marcan y señalan. Hombre al fin y al cabo, con sus virtudes y errores, a las puertas del cumpleaños -que algunos aseguran será fiesta grande en la República-, advirtió a Cuba y al mundo: “Y estamos empezando”.
 
 

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