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Año IX - Madrid, viernes 6 de julio de 2007
 
Opinión
 

El libro de los millonarios cubanos

Aurelio Pedroso (La Habana)

Políticos, académicos, historiadores y también una buena colección de chismosos y enredadores están de fiesta en estos días tras la aparición del libro “Propietarios de Cuba 1958”, publicado por la editorial Ciencias Sociales. Un meritorio trabajo de 700 páginas realizado por Guillermo Jiménez Soler (La Habana, 22 de agosto de 1936), historiador y ex comandante del Ejército Rebelde.

El libro se ha agotado en poco tiempo en manos de muchos sedientos lectores y tambén de algún que otro avispado vendedor de libros antiguos y raros de la Plaza de los Capitanes Generales que quizá ha olfateado las buenas perspectivas de revente que el trabajo de Jiménez Soler va a tener en España y en Miami.

El amplio inventario de personalidades incluye, finalmente, sólo 551 biografías. Al parecer en su versión original el trabajo compendiaba más de 1.000 pero, desde la editorial se habría pedido al autor que sacara la tijera y redujese volumen.

Según este estudio, los españoles y los propios cubanos constituían el grueso de la nómina de millonarios, en la que también podían encontrarse algunas rarezas como dos o tres estadounidenses, un libanés y un alemán. Curiosamente, no hubo chinos, una raza muy presente en Cuba a la que sus negocios agrícolas, de servicios o restauración no aportaron lo suficiente para que alguno de sus representantes se hiciera demasiado rico.

Jiménez Soler tenía una obra anterior publicada en Miami (Las empresas de Cuba 1958) que también se distribuyó en La Habana, en una tirada muy reducida y planea corontar este amplio estudio con otros dos volúmenes sobre la burguesía cubana y las peculiaridades del capitalismo en la isla.

El autor, además, avisa a sus lectores de que al abordar casos tan dudosos como el enriquecimiento del ex presidente Fulgencio Batista se procura mantener una neutralidad científica extrema: “Las obras han sido preservadas de prejuicios ideológicos, de subjetivismos involuntarios del autor o de cualquier juicio hermenéutico, provenientes de otros. Están desnudas de calificaciones éticas, de academicismos, de verdades reveladoras e inconclusas, de adjetivos doctrinarios y de enjuiciamientos personales”, asegura textualmente.

 
 

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