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Año X - Madrid, viernes 10 de julio de 2009
 
Opinión
 
Segundo semestre

Santiago José Guevara García (Valencia, Venezuela)
sjguevarag@gmail.com

El semestre comienza con una perspectiva, en el fondo aceptada por el Gobierno, de una devaluación del tipo de cambio oficial por encima del 50%. Eso significa mayor empobrecimiento general y ningún efecto sobre la producción y exportaciones. La cartera de Finanzas admite que la inflación será cercana al 28%, mucho más que la proyección oficial y ello es una confesión de la ya instalada devaluación. Eso es más carestía generalizada.

La industria reporta caídas de más de tres puntos. La autoridad monetaria esconde las cifras de crecimiento del segundo semestre, pero se cuela que, tal como anunciado, entramos en una contracción superior al 2%. Los puertos, en un país cuya producción es sistemáticamente desmantelada, e importa casi todo, reportan caídas entre el 40 y el 60% de su actividad, ya sensiblemente disminuida en la década. En el mundo se identifica a Venezuela con los peores estándares de corrupción, facilidades para los negocios y libertades económicas. Y para completar el mosaico, se le abren al régimen frentes políticos externos claramente adversos: Honduras significa el reconocimiento mundial del intervencionismo chavista.

Los socios argentinos muerden el polvo de una derrota parlamentaria, no se sabe si por la suspensión del envío de valijas verdes. La OEA ha tenido que aceptar ocuparse de la crónica situación institucional de Venezuela. O sea… No arranca bien la segunda parte del año. Con un componente político que el régimen no ha terminado de medir en sus consecuencias: ya se suspendieron las elecciones locales de este año y es altamente probable que también suceda con las parlamentarias del año próximo. Hasta ahora, el único argumento político –para lerdos, es verdad, pero argumento- del Gobierno para mostrar una imagen democrática ha sido su pleno apoyo en resultados comiciales. Desaparecido o mixtificado el hecho electoral, desaparece también su exiguo punto de apoyo, la mínima legitimidad que lo mantiene exento de riesgos de nuevas crisis severas de reconocimiento

Los sectores democráticos convencionales, por su parte, se engolosinan nuevamente con los afanes electorales y parecieran no querer ver lo que la realidad está gritando: cae la popularidad del histrión, se afianza el dominio cubano, nadie acepta el proyecto dictatorial a lo Fidel, los sectores populares resienten la caída en las misiones (modalidad de política asistencialista clientelar que ha sido el mayor suceso político del régimen), la economía revienta a todos, cunde el miedo, la inseguridad y la violencia acaban con los pobres (pobre matando a pobre), etc. Insistimos en la reingeniería de la política de los sectores democráticos. Dicho en pocas palabras: hay evidencia de los temas sociales sobre los cuales la gente espera respuestas políticas y el tema económico –la crisis, el modelo y la conducción- concede un trabajo de opinión de impacto, si se define apropiadamente. Sin dejar de lado otros asuntos.

No es posible que lo descrito en el largo primer párrafo no haga mella en el pésimo régimen. La agenda económica –a pesar del especulativo repunte de los precios petroleros- cobra plena vigencia. En la dupla agenda social-agenda económica debe estar el énfasis de la resistencia al apabullamiento cubano-chavista. Menos electoralismo y más política. Mayor amplitud y profundidad de la práctica diaria. Desnudar al enemigo en sus debilidades. Ofrecer un proyecto más atractivo a todos. Enamorar a los escépticos y chavistas. Formalizar los compromisos. Unir. Ayudar al prójimo. Por ahí anda la cosa. Se trata de definir la agenda y el manejo. Y confiar en el desenlace final. Más allá del miedo. Recuerden que se les volteó el santo en Honduras y Argentina. Una onda de liberación comienza a transitar los caminos de América Latina. ¿Nos preparamos para aprovechar nuestro turno?

 
 

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