Recientemente, ha fallecido en Colonia, el pensador germano-británico Ralf Dahrendorf. Se trata de uno de los pensadores liberales más importantes de este siglo. Pero no fue tan solo un pensador, fue también un político activo que trató de llevar las ideas a la práctica.
Se ha dicho de él que libertad, justicia y progreso, a través de la educación, fueron los temas que acompañaron su vida. La ministra alemana de Educación, Annette Schavan, manifestó al conocer su muerte que se trataba de una figura que “tiene un lugar propio en la historia del pensamiento europeo”. Escribió multitud de obras. Entre ellas destacan “Las clases sociales y su conflicto en la sociedad industrial”, “En defensa de la Unión Europea” y “El recomienzo de la historia: de la caída del muro a la Guerra de Irak”.
En 1967, comenzó una carrera política. Se afilió al partido liberal alemán, el FDP y con este se convirtió en diputado del Parlamento regional de Baden-Wurttemberg. De esta época son sus debates con uno de los jefes del movimiento estudiantil, de la revolución de mayo de 1968, Rudi Dutschke. En 1969 consiguió un escaño en el Bundestag. Más tarde llegó a ocupar la Secretaría de Estado de Asuntos Exteriores del primer gobierno de coalición del socialdemócrata Willy Brandt. Más tarde, fue enviado a la Comunidad Económica Europea como comisario, primero de Relaciones Exteriores y Comercio y más tarde de Investigación, Ciencia y Educación. Fue muy crítico con la excesiva burocracia de las instituciones europeas y cuando le ofrecieron la dirección de la London School of Economics, aceptó encantado.
En 2007, obtuvo el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales. Enemigo declarado de la Tercera Vía, con la que Tony Blair llegó al poder, crítico también no solo al político británico sino a Schroeder, cuando afirmaba que “el Estado no debería remar, sino dirigir”. Nacido en Hamburgo en 1929, adoptó la nacionalidad inglesa y la Reina Isabel II le concedió el titulo de lord debido a su aporte a las relaciones germano británicas. Se le ha comparado con Erasmo y se ha dicho de él que era tan incómodo como el pensador holandés. Fue crítico con la globalización, porque no suponía la extensión de la democracia y de los derechos humanos.
A lo largo de toda su vida fue víctima del ataque de los sectores más izquierdistas, pero nunca se le pudo acusar de incoherencia. Con tan solo dieciséis años, estuvo recluido en un campo de concentración por haber escrito en la escuela unas notas contra los nazis. Su libro más conocido es el que lleva por título “Clases y conflicto de clases en la sociedad industrial”. Dahrendorf, criticó duramente la mezcla de los problemas políticos, fueran del partido que fueran, con las realidades sociales, que impone la vida. Fue un admirador de la política franco-británica, en la que veía una fuerza estabilizadora para el Tercer Mundo. No estaba de acuerdo, aunque no lo manifestase de una manera clara y tajante, con el institucionalismo de los liberales europeos.
En su libro póstumo “Clases y conflicto de clases en la sociedad industrial”, no está de acuerdo ni con el institucionalismo moralizante de la izquierda, ni con las mezclas ambiguas de los países que integran la Alternativa de la Unión. Ello le sirve para arremeter sin escrúpulos contra las mezclas ambiguas de la Tercera Vía, que ayudó a Tony Blair. Uno de sus maestros fue Karl Popper. Liberal lo mismo que él, Popper fue un físico con una obra muy importante "la lógica de la investigación científica”, pero luego todos los libros que escribió se deben a temas políticos y sociológicos, en los que coincidió, en líneas generales, con Ralf Dahrendorf.
El liberalismo ocupa una posición minoritaria. Situado a medio camino entre el conservadurismo y el socialismo, le resulta muy difícil alcanzar de forma absoluta, el poder. Es un partido más de intelectuales y pensadores que de masas. Por eso está llamado a gobernar, mejor dicho a cooperar en el gobierno con otros partidos más mayoritarios.