La crisis económica mundial afecta, en mayor o menor grado, a todos los sectores. Uno de ellos y de los que sufren más las consecuencias de esta situación es la industria siderúrgica. Descienden las compras, se recorta la producción y se producen, como es lógico, multitud de despidos. Y según dicen los expertos, los tiempos que se avecinan serán todavía más difíciles. Y todo esto se produce cuando hace muy poco tiempo aparecía el mercado más lucrativo en más de 60 años. Pero los precios se desploman como consecuencia del descenso en la construcción y en la fabricación de automóviles y de electrodomésticos.
La India Arcelor Mittal, que es la mayor productora mundial de acero, planea reducir su producción en casi un tercio. En Brasil, la primera productora mundial de hierro ha reducido su personal en un 2,1%, debido a la caída de la demanda del metal, que es la materia prima en la producción de acero. La brasileña Companhia Vale Rio Doce elimino 1.300 empleos, de un total de 60.000 en todo el mundo. Otros 5.000 trabajadores se encuentran de vacaciones pagadas para frenar la producción y 1.200 reciben entrenamiento para cambiar de tarea. Y todo esto sucede en un plazo de tiempo que no llega al año. Además la compañía ha anunciado una reducción del 10% de la producción debido a la caída de la demanda, sobre todo en China.
Este país, que es el que produce la mayor cantidad de acero del mundo, ha respondido al desplome de la demanda este año con un recorte del 20% de la producción. En los últimos doce años , la industria siderúrgica de China, comparable a la industria norteamericana, ha construido acerías que en total producen más de cuatro veces la cantidad de acero fabricada por Estados Unidos.
Se espera que la producción de acero en Estados Unidos caiga a lo largo del próximo año y se considerará un éxito, si las empresas siderúrgicas ganen aunque sea el 65% de lo que ganaron en 2008. Los ingresos pueden caer entre un 35 y un 40%. El descenso en la construcción de viviendas es uno de los factores, probablemente el principal, de la decadencia de la siderurgia americana. Las empresas automovilísticas han sufrido un desplome en las ventas en este país y han continuado introduciendo cambios en su producción. Por ejemplo, se construyen autos más pequeños, que requieren menos acero. El acero de chatarra, usado principalmente en plantas siderúrgicas ha caído a unos 90 dólares por tonelada, cuando se cotizó, hace muy poco tiempo a 550 dólares, este acero de chatarra, extraído de autos destruidos y otros deshechos es considerado un indicador del mercado. El acero laminado, usado en automóviles, en muebles de oficina y equipos electrodomésticos, ha caído a 785 dólares por tonelada, hace tan solo unas semanas cuando en el pasado julio este precio era de 1.080 también dólares por tonelada. AK Steel Holding ha manifestado que piensa cerrar temporalmente sus factorías en los estados de Ohio y Kentucky a causa del descenso en la demanda, dejando sin trabajo a unos 1.190 empleados, aunque algunos se quedarán para mantener las instalaciones.
United States Steel consiguió ganancias récord en el trimestre concluido en septiembre pasado, pero ahora piensa despedir a 675 trabajadores entre Estados Unidos y Canadá. Asimismo, ha aplazado los planes que tenía para construir una nueva planta en Alabama, por 40 millones de dólares norteamericanos. En muy pocos años el sector siderúrgico norteamericano ha evolucionado desde su peor momento, en la Segunda Guerra Mundial hasta la actual situación, pasando por momentos en que se alcanzaron precios récord en la historia del sector. Los expertos piensan que en el próximo futuro la producción de acero va a estar mal en cualquier parte del mundo.
En Japón, las empresas automovilísticas Toyota, Honda, Nissan y Mazda atraviesan un momento crítico. Recientemente, los principales fabricantes nipones anunciaban que la producción de vehículos en el pasado diciembre había caído a niveles históricos. La mayoría registraba en 2008 cifras significativamente inferiores a las del año anterior. Una de las empresas de autopartes más afectadas por la actual crisis es la japonesa Clarion, que piensa cerrar, a finales de 2010, una de sus dos fábricas de sistemas de navegación, en aquel país.