Mientras avanzo mi libro, llamado provisionalmente “Amplitud y profundidad de la nueva política democrática nacional”, me doy el gustazo de leer de un tirón dos obras recientes debidas a insignes venezolanos: Enrique Tejera París y Germán Carrera Damas; ambos resueltos partidarios de la democracia y constructores, por vías distintas, del entramado republicano nacional. Coinciden en la superioridad de la obra democrática iniciada a partir del ’45 del siglo pasado y en pausa en estos tiempos de opresión.
Mi amigo Víctor García, presidente de la AC “Sociedad Democrática” me propone realizar, junto con José Gregorio Capote y los chamos de “Reto Académico”, de la Universidad de Carabobo, el análisis comparativo de las obras de gobierno de la democracia y de la neodictadura imperante. No hay día que los medios aún libres no aporten argumentos para ese trabajo.
Lo hizo recientemente mi ex profesora, ex ministra y ex presidenta de la “gobiernizada” SIDOR (La Siderúrgica del Orinoco, obra resaltante de la resurgida democracia de los ’60 del siglo pasado), Maritza Izaguirre, sobre la experiencia venezolana del Proyecto Guayana.
Plantea, en su columna de “El Nacional”, que “en el pasado, éste (el Estado), gracias a la inversión, logró la creación de un polo de desarrollo, construyó una ciudad y facilitó la apertura de empleo y bienestar para la población”.
Y eso se hizo –su masa crítica- fundamentalmente en una gestión de gobierno de cinco años. Nada que ver con la sequía desarrollista de este régimen de ya casi once años. No es su negocio, como dirían los gringos. Lo suyo es la asfixia de la producción y la sociedad, para dominarla más y mejor.
Hoy, las industrias básicas de Guayana, heredadas de la democracia, están en las peores condiciones ambientales, tecnológicas, productivas, financieras y de probidad en su manejo. El más reciente hecho fue una nueva muerte en una de las plantas de SIDOR, en razón de las tantas veces denunciada precariedad física de sus instalaciones. Los medios que asistieron a registrar la evidencia del deterioro fueron abordados y despojados de sus equipos y tomas por la represión militar. Mientras tanto, el ministro correspondiente y su corte de nuevos ricos nadan en la abundancia y se proponen endeudar más al país, para seguir medrando. Ese es el tipo de actuación del gobierno militar-militarista del cual habla el profesor Carrera Damas.
Guayana, para no citar otros ejemplos, es una de las grandes realizaciones históricas de Venezuela. Aún reúne un inmenso potencial de crecimiento, que languidece ante la inacción y la labor destructiva del chavismo. El par urbano Ciudad Guayana-Ciudad Bolívar tiene todas las condiciones para convertirse en la nueva gran metrópolis industrial del país. Y no sólo con base en la explotación de la riqueza minera de la región. El nuevo sistema nacional de ciudades, bajo ambiente de progreso (o sea, nunca con el actual régimen) tendrá en esa conurbación uno de sus principales pilares.
No se trata sólo, entonces, de comparar obra versus obra, sino también de mostrar la superioridad de las realizaciones futuras posibles respecto a la tarea de destrucción nacional encarnada en Chávez, sus militares mediocres (no estoy generalizando; me refiero a la claque militar “socialista”) y sus dinosaurios de la vieja izquierda siempre fracasada.
La dotación de recursos naturales estratégicos diversos en el oriente del país, la cantidad y calidad de su capital humano, la configuración de ventajas de aglomeración y localización industrial y urbana diversas, su ubicación en la ruta de relación del norte de Brasil con el Caribe y de Guyana con Venezuela, su potencial de exportación de hidroelectricidad, su cercanía a áreas de valor en biodiversidad, atractivos paisajísticos y de ecoturismo, su capitalidad del sistema fluvial venezolano, su pertenencia al ecosistema de sabanas, etc., pueden contribuir significativamente al avance de un Proyecto Nacional de Desarrollo afianzado en sus fortalezas productivas. Eso nos tocará a nosotros.