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Año IX - Madrid, viernes 29 de junio de 2007
 
Opinión
 

Efecto Macri

Juan Varde (Buenos Aires)

La abultada victoria del candidado de centroderecha Mauricio Macri en las elecciones para jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires frente al candidato oficialista Daniel Filmus, con una diferencia de casi el 22% de los votos, es una señal de atención para el Gobierno argentino y para Néstor Kirchner que ha generado además nuevas lecturas sobre la dinámica que  tendrá el futuro juego político en el país.

El clima electoral ya no es el mismo y los analistas han dejado de descontar como segura la victoria del actual presidente, o de su candidato, en las elecciones presidenciales del próximo mes de octubre. 

El significado político de la victoria de Macri supera los límites estrictos de Buenos Aires. Este triunfo es el resultado de  varios factores concurrentes como, por ejemplo, el del apoyo casi total que ha recibido el candidato de las clases medias de la capital y, ya se sabe, que los analistas políticos suelen decir que es en la clase media donde reside la expresión arquetípica del la opinión pública de un país.

Y, lo ha conseguido sin perder el apoyo de las familias acomodades y sumando también votos del inesperado caladero de las clases bajas que se sienten más desamparadas. Otro factor importante ha sido, según los observadores, la habilidad y el profesionalismo del equipo de campaña de Macri que ha conseguido librar al candidato de la imagen negativa que arrastraba desde hace largo tiempo.

Pero el factor que más puede inquietar a Kirchner es otro: la preponderancia que adquirió entre la ciudadanía porteña el voto de castigo hacia su Gobierno. Aunque quizá respire si considera que los votantes de Buenos Aires siempre han optado por direcciones distintas a las que luego se implantan en el resto del país.

En su mensaje Macri combinó un discurso neoconservador y reformista con un programa detallado en el que se recogían los problemas de los vecinos de cada colonia para los que se proponían soluciones concretas, en muchas ocasiones extraídas de los contactos intensos que ha mantenido con estos colectivos desde mucho antes de que empezara la campaña, en una forma de hacer política poco vista hasta ahora en Argentina.

El nuevo jefe de Gobierno de Buenos Aires enfocó su discurso en los conceptos de orden y progreso y supo localizar el componente social del impacto que el paro ha producido en las clases medias, en la pobreza y en la economía sumergida, por lo que quizá haya logrado formar un incipiente núcleo sobre el que basar un partido conservador y popular que muchos de los más encumbrados políticos neoconservadores del país hubiesen querido apadrinar.

Gracias a su victoria Macri podría convertirse ahora en un referente político con peso específico propio en una posible convergencia nacional de partidos opositores. Aunque, a día de hoy, esa unidad no parece demasido posible, sobre todo porque se basaría sólo en el intento de desalojar del poder al actual presidente.

Sin embargo, no hay dudas que el tablero político argentino se ha visto sacudido y la partida acaba de empezar con un jugador inesperado que parece jugar con blancas.

 
 

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