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Año X - Madrid, viernes 6 de junio de 2008
 
Opinión
 
Más sobre una nueva agenda latinoamericana

Santiago José Guevara García (Valencia, Venezuela)

En el artículo anterior, decíamos que la apertura conceptual de Obama y, asumamos ahora, del sistema político norteamericano en la era post Bush, abre una inmensa oportunidad a la región para participar en el diseño y construcción de una nueva agenda, mucho más promisoria para la inserción en el mundo global.

La definíamos en términos de un proyecto continental de integración o de relaciones, montado sobre un modo viable de constitución de una gran área hemisférica, de interés a ambas sociedades, al norte y al sur del Río Grande y más allá. Y eso, con independencia de las iniciativas estadounidenses. Es decir, como paso estratégico nuestro.

Esa integración o el nuevo esquema de relaciones (expuestos en diversas ocasiones anteriores, ya referidas) no excluyen otros, excepto en caso de contradicción. No aspiran inicialmente la integralidad de acciones para la plena realización hemisférica deseada (América Latina, NAFTA Y Europa), pero no ignora que avances fuertes en sus cometidos son un importante impulso hacia ella.

Se basa sobre una convocatoria abierta a todos, pero implica un compromiso firme de ejecución de los interesados, que debe incorporar una declaración de principios y buenas intenciones y, sobre todo, una lista precisa y ordenada de temas y acciones a acometer.

Las especificidades del “cómo” político, en tanto no inviabilicen la iniciativa, son de la particular incumbencia de cada país; por lo que el cometido político o sociopolítico inmediato no forma parte de su agenda. Es un asunto de viabilidad, no de buenos deseos.

El piso de integración, si es el caso, se asume en términos de un Tratado de Comercio y Desarrollo de Latinoamérica o de las Américas (TCDL o TCDA, el que sea más rápidamente posible). Y fíjense que no aparece la palabra “libre”.

El diseño tiene tres componentes: 1) en las condiciones respecto al comercio lo que más importa es la protección frente a terceros; 2) la relación entre socios se define por la completación de redes productivas regionales o hemisféricas para mejorar la posición productiva, primero, y comercial, después y un “trade – off” comercio – crecimiento: las compensaciones al comercio interregional favorable a un país son en términos de estímulos a los sectores productivos prioritarios del otro país y las cadenas con las cuales se relaciona; 3) en el crecimiento y desarrollo, lo importante es el fomento focal a las redes territoriales (ATC) más promisorias en cada país.

La protección hacia afuera será una protección selectiva inmune a los intereses especiales foráneos y propios y basada en un reconocimiento explícito, con base técnica, de las áreas a proteger. La completación de redes productivas se hará con lógica de relaciones “aguas arriba” y “aguas abajo” regionales, conformando sistemas productivos integrales, que mejoren la agregación de valor regional o hemisférico. El esquema no requiere protección entre sus miembros, sino el uso de “listas complementarias”. La protección interna es un ejemplo de “huida hacia adelante” con base en estímulos al desarrollo para la superación de asimetrías.

En el campo del desarrollo, finalmente, se propone un concepto de crecimiento económico con inclusión expresa, basado en el activismo estatal en el fomento de la inversión empresarial de riesgo en un esquema de privilegio a las aglomeraciones territoriales con demostrado o posible potencial competitivo global.

Nos está faltando la visión de estadistas idóneos para este mundo amplio y complicado que nos toca, junto con una élite pensante y un cuerpo sólido de expertos puestos al servicio de un “proyecto hemisférico de desarrollo”. A ello, nos hemos planteado, modestamente, contribuir. Ya hablaremos de la estrategia.

 
 

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