Sin poder negar la presencia de problemas diversos en distintas regiones, comienza a fluir la política electoral integral de los sectores democráticos venezolanos. Incluso en lo que más nos ocupa: el diagnóstico certero de la situación general enfrentada y la apropiada escogencia de los modos e instrumentos para la definitiva honra de los ideales de libertad, democracia y progreso.
El régimen sigue en lo suyo: el abuso, el irrespeto a toda norma institucional, la mentira, la negligencia, la falta de oficio, etc. Con: Primero: el recurso de las inhabilitaciones, sin juicios, a numerosos aspirantes no afectos, que muy probablemente se revertirán como producto de la presión social; segundo: omisiones y manipulaciones del Poder Electoral; tercero: la permanente distorsión de la realidad; cuarto: el nada profesional manejo de la política pública; y quinto: la puesta al servicio de sus intereses de todo el erario público; lo que transmite el régimen, en buena medida trasluce su temor ante el evento eleccionario del próximo noviembre.
Son unas elecciones regionales. Se seleccionarán alcaldes, gobernadores de estados y legisladores estadales. Pero un resultado adverso al régimen autoritario en el poder, pone en el activo de los sectores democráticos unos importantes puntos de apoyo para varios fines en el sentido de la recuperación de la libertad y la democracia plenas y el relanzamiento económico del país.
En principio, serían la segunda derrota electoral sucesiva del régimen. Debilitarían, aún más, su ya afectada posición estratégica. Ese resultado es crucial para enfrentar, luego, las importantísimas elecciones de asambleístas nacionales.
En segundo lugar, significarían la recuperación de niveles de Gobierno de primerísima importancia en la titánica lucha entre la abusiva concentración de poder personal del teniente coronel y la larga historia local y federal nacional, asaltada por el actual estado de cosas.
En tercer lugar, el ejercicio exitoso de los cargos conseguidos puede actuar en el sentido de un necesario efecto demostración relativo a la superioridad de la fórmula democrática, libertaria y progresista, frente al desastre de gestión del régimen. Ya existen evidencias de esa superioridad. Que se convierten en ejemplos de efectividad y no en esa inundación de retórica con la cual el régimen justifica su nefasto accionar.
En cuarto lugar, los logros a conseguir se convierten en semilleros de liderazgos probados en el ejercicio de lo público. Y ahí debe estar el más titánico esfuerzo de la sociedad democrática. En permitir el derrame de liderazgos diversos, que sustenten permanentemente la expansión del ideario republicano.
El aire de optimismo se siente. Aunque lo grueso hasta ahora ha estado en la puja propiamente electoral en el interior de la sociedad democrática. Pero, comienzan a fluir las ideas. Incipientemente. En pocos casos; pero, apuntan a una renovación importante del arsenal conceptual de la política nacional.
Los temas están claros: unidad; pactos de gobernabilidad; proyectos locales, estadales y nacional; profundidad en la política; posicionamiento en el mundo globalizado; etc., son las cosas que comienzan a posicionarse. Y que no preocupan ni al régimen ni a los precámbricos que aún subsisten en la llamada política de oposición.
El régimen muestra una evidente preocupación. El histérico “no volverán” del discurso presidencial en la reciente fecha patria, apoyado subliminalmente en una fastuosa demostración de fuerza bélica, indica la desesperada angustia de la banda que gobierna el país por el avance de espacios políticos a favor de la sociedad democrática nacional.
El régimen mengua. Su posición estratégica se debilita. Está rodeado de amenazas. El avance de la discusión conceptual de cara al pueblo será el definitivo cambio hacia, ahora sí, una sociedad democrática, libertaria y progresista. Será la llegada del más comprometido republicanismo. Eso comienza a ocurrir. |