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Año IX - Madrid, viernes 9 de marzo de 2007
 
Opinión
 

El barbero de… Marianao

Aurelio Pedroso (La Habana)

Quien por una o dos décadas no haya asistido a una barbería estatal en La Habana, en lugar de estar cortándose el cabello en su propia casa con algún ‘fígaro' particular y tenga primitivas inquietudes sociológicas, debe cuanto antes acudir a algunas de las tantas y destartaladas que sobreviven en la ciudad.

Por el equivalente a menos de diez centavos de dólar, usted asiste a un auténtico repaso del acontecer nacional e internacional. Y hasta más: si en algún momento el sillón de la época de los años 40 ó 50 hace un precipitado giro hacia la puerta del local es para que el cliente vea el pedazo de mulata que al caminar por la acera parece que se desarma en su impresionante estructura músculo-esquelética.

“Oiga, señor, que hay que estar bien alimentado pa meterle mano a eso”.

Este barbero de hoy, ya cercano a los 60 años, confiesa que no desea abordar temas políticos con un cliente que acaba de conocer. Pero eso sí, si rápido es con la tijera, también lo es con la lengua. En unos 15 minutos de ceremonia no hizo el más mínimo intento de reposar la voz.

Nostálgico el hombre y sin muchos problemas de identificación con quien tenía sentado por ser gentes de una misma época, de la caja de cervezas a 9,60 pesos cubanos, de las habitaciones en los hoteles de primera por 11 pesos cubanos la noche, de la no existencia del dólar, de los tranquilos bailables en la zona de la playa, de la no necesidad de usar el condón, de las buenas maneras en la coexistencia ciudadana, de un transporte público tan eficiente que se podía hacer el compromiso de estar en cualquier parte a tantos o más cuantos minutos…

“Usted se acuerda, verdad­. Nuestra juventud fue privilegiada y todos, casi todos, vestíamos igual. Era la época dorada de la canción y no estas cosas que se oyen ahora de ‘mami huye que te cojo o la cucaracha se comió el jamón'. Claro, nos tocaron momentos duros en el Servicio Militar Obligatorio, pero dígame si después no nos las desquitamos. Si es que en esa época nadie pensaba abandonar el país.

Cerca de él, una joven barbera le escucha y sonríe. “Kiko, que el condón siempre hay que usarlo”.

Y él como si nada, que esta mujer no sabe lo bien que hemos vivido, que mire usted el condón. Mucho ojo con el almanaque, con esos días para no caer en la trampa con la novia. Esta juventud ahora no tendrá jamás esos momentos. Caramba, qué bueno una máquina del tiempo para echarse un fin de semanita como aquellos. Qué dice… a Varadero todos las temporadas y yo, que no soy rico, que me he pasado toda una vida peleando, regresaba siempre con 100 ó 200 pesos

Se lamenta de la disyuntiva de una próxima operación de la rodilla. Dice que se le ha escapado el líquido sinovial, pero que la operación va de lo que no hay remedios porque hay que trabajar para vivir, que la vida está muy cara.

Y ya está listo, señor. Oiga, muy generoso de su parte y mire, él viene ahora. Este muchacho no había nacido cuando uno entraba a un hotel y nadie le preguntaba y ni la policía pedía identificación porque sencillamente el carné de identidad no existía. Usted vuelva cuando quiera para seguir el tema de nuestra juventud, pero sin hablar de política, me entiende.

A ver, muchacho, siéntate, que te voy a explicar un par de cosas.

 

 

 
 

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