Aunque no pueda darse por concluido el pulso entre las autoridades cubanas y los promotores de Televisión Martí, lo cierto es que este proyecto de Washington está, de momento, condenado al fracaso en la isla.
Si lo que realmente se persigue es que lo vean grandes núcleos de población en la isla, la imposibilidad técnica corre a cuenta de Cuba con una red de interferencias y televisoras locales en provincias que así lo impiden.
Como si se tratase de un ajedrez, la ficha movida para introducir TV Martí mediante otros canales extranjeros, a los que muy selectivamente tienen acceso los extranjeros residentes y algunos avispados cubanos que se valen de diversas artimañas, está chocando ahora mismo con una intensa campaña destinada a desmontar esas redes catalogadas como ilegales.
Los operativos, que es como se les denomina a la búsqueda y desmontaje de estas redes, son constantes y en ocasiones trascienden a los medios de prensa como una suerte de aviso o advertencia de que no quedará un cable impune en cualesquiera de los municipios que componen la capital cubana.
Playa es uno de ellos y constituye asiento por excelencia para las empresas extranjeras y sedes diplomáticas. También para muchos cubanos con un nivel de vida muy diferente a sus paisanos de La Habana Vieja, Centro Habana o 10 de Octubre. De acuerdo a una fuente de todo crédito, tres operativos han sumado nada menos que unos 30 kilómetros de cables confiscados. Y es que desde un receptor, cual si fuese la tela de una araña, una buena parte del vecindario recibe la TV extranjera.
TV Martí no sólo siembra desconcierto y desconfianza hacia el Gobierno. Es también un señor negocio. Uno más producto de ese largo contencioso Cuba-EEUU del que no pocos se lucran con el envío de remesas, medicamentos y otras actividades afines que se benefician de que esa cercanía de sólo 90 millas náuticas (entre Cuba y EEUU) sea hoy por hoy una de las más distantes del mundo.
La factura de TV Martí ya va por 500 millones de dólares, que se escribe o dice rápido. Dinero de los contribuyentes estadounidense que se ha ‘invertido' con una efectividad tan dudosa que no pocos bolsillos en Miami han aplaudido la idea.
Esta historia de aviones, globos, televisoras que sirven de puente, redes de interferencia, denuncias ante organismos internacionales, los inventos criollos para accederla, los operativos y otros tantos pormenores más, aún no ha concluido.
El pulso está en pie.
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