El encuentro en Anchorena entre el presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, y su colega brasileño, Lula da Silva, culminó en un clima de confraternidad que parece haber disipado nubarrones que transitaban por el sur de la región.
Pero a medida que se empiezan a conocer algunos de los detalles de las negociaciones, surgen distintas interpretaciones acerca de lo que realmente se logró y, sobre todo, lo que no se logró. En un principio, los medios de Brasil, Uruguay, y sobre todo Argentina (que siguió muy de cerca el encuentro) lanzaron sus campanas al viento en el sentido de que Lula habría logrado desactivar el malestar uruguayo con el bloque y que se habría comprometido a que, si bien Uruguay no renunciaba a su derecho a buscar nuevos acuerdos comerciales con otros países (EEUU), lo haría siempre en el marco del Mercosur. A cambio de esto, que en Brasil lo sintieron como un alivio ya que no querían recibir a Bush con el bloque en estado de coma, Lula habría hecho algunas concesiones que llevaron a que incluso analistas de aquel país hablaran de que la reunión había sido un triunfo rotundo para Uruguay.
Sin embargo, la cosa no parece ser tan clara. Se firmaron cinco acuerdos, con promesas de inversiones brasileñas en el área textil, autopartes, biocombustibles, minería y energía.
Lula y Tabaré suscribieron acuerdos para avanzar en sus negociaciones para cerrar programas de comercio y cooperación energética, un paso reclamado insistentemente por el Gobierno uruguayo, los documentos firmados por los mandatarios son un memorándum de entendimiento para la promoción de comercio e inversiones, un protocolo de intenciones sobre un programa de cooperación en el área de biocombustibles y un protocolo adicional a efectos de crear una comisión mixta permanente en materia minera y energética.
Si bien no se habló de números, habría en concreto 130 millones de dólares para la instalación de una fábrica de cemento brasileña en Uruguay y un acuerdo para que el banco de desarrollo brasileño Bndes financie actividades en suelo oriental.
Un aspecto clave del encuentro se ha prestado a confusión, y es la propuesta brasileña de flexibilizar las reglas de origen a favor de las economías menores del Mercosur. Esto permitiría que uruguayos y paraguayos exporten a las economías mayores del bloque con arancel nulo productos con menos componentes nacionales que los actuales. Mientras que, según algunas fuentes, este tema estuvo entre los manejados por Lula y Vázquez, la prensa argentina afirma que ese punto fue especialmente descartado en un encuentro previo de negociadores argentinos y brasileños en Buenos Aires.
Haciendo un balance de lo alcanzado, francamente no parece haber resultados como para echar las campanas al vuelo. Está claro que Brasil empieza a tomar conciencia del peso y la cuota de sacrificio que implica su indiscutible liderazgo regional. Pero no da la impresión de que ninguno de los acuerdos suscritos signifique un cambio radical en la marcha de este alicaído Mercosur, sino que se trata mayoritariamente de buenas intenciones, que están por verse a dónde llevan.
Pese a haber dicho que los miembros del Mercosur deberían estar satisfechos con los progresos logrados en el bloque, Lula admitió que aún existen marcadas diferencias.
Brasil tiene que asumir su responsabilidad de mayor economía del bloque a los efectos de que el comercio sea lo más equilibrado posible, es preciso crear las condiciones para que las oportunidades se den por igual para todos sus integrantes
Un tema trascendente, sobre todo a escasos días de la llegada del presidente estadounidense, George Bush, es qué alcance tiene el compromiso que pactaron Vázquez y Lula en cuanto a no avanzar hacia un tratado de libre comercio (TLC). No parecería demasiado inteligente haberse jugado todas las cartas sin llegar a ver qué es lo que trae el hombre de la Casa Blanca.
Llamó la atención la lectura hecha por jerarcas argentinos en medios de prensa de aquel país, en el sentido de que la intención de Brasil y Argentina sería hacer correr el tiempo, en el entendido de que el mismo juega en contra de Uruguay, ya que a medida que la Presidencia de Bush se acerca a su fin, lo mismo sucede con los plazos para lograr un TLC. Algo que muestra lo poco que entienden de la política estadounidense, ya que el libre comercio no es algo que sea patrimonio exclusivo de los republicanos y tampoco está garantizada una victoria demócrata en los próximos comicios.
Para resumir se puede afirmar que lo que Lula dejó en claro es que no quiere que Uruguay negocie por su lado, que entiende que hay más para ganar si un acuerdo comercial con EEUU se hace en bloque. El asunto es que Brasil ha hecho muy poco para avanzar en ese sentido, y que un acuerdo tan amplio sería mucho más complejo de lograr. Ahora, si la opción es entre las promesas y migajas que parece haber dejado Lula, y un acuerdo que permita un efectivo ingreso al mercado más importante del mundo, la elección no debería ser muy difícil.
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