La economía latina depende de variables externas que, ahora, han comenzado a flaquear. Es un dato muy importante frente a lo que sucederá en el transcurso del año, además el viento de cola ya no es tan sustantivo.
“Se esfuma la ilusión del aterrizaje suave de la economía estadounidense a la par que cunde la percepción de recalentamiento en China e India.
En los últimos días hubo una caída generalizada de los activos de riesgo. Durante la semana pasada, el Dow Jones perdió un 4,2% mientras que el Bovespa cayó 7,9% y las acciones del Merval se desmoronaron un 9,3%. Los bonos emergentes acompañaron el derrumbe, con caídas en los títulos locales de más de 5%. Los T-bonds estadounidenses actuaron como activos de resguardo y sus rendimientos cayeron en todos los plazos y tendió a aplanarse la curva de rendimientos.
Intentar explicar lo ocurrido en función a novedades de los últimos días es errar en la comprensión de estos fenómenos. Ni el mercado accionario de Shangai es lo suficientemente grande -sólo supone el 2 % de la capitalización global- para arrastrar al resto de las bolsas mundiales ni la causa hay que buscarla en los comentarios de Greenspan sobre una posible recesión: la caída de Wall St. no se produjo en la rueda subsiguiente a la conferencia del antiguo chairman de la Fed, sino un día después.
Tampoco se puede adjudicar semejante corrección a la perspectiva de regulaciones más severas para desalentar las compras apalancadas en el mercado de capitales chino. Lo que sí ocurre son circunstancias que no son nuevas y que sólo el apetito de ganancias es capaz de despreciar, pero sólo por un tiempo: Una es que los mercados mundiales vienen de una larga onda expansiva, montada -como ocurre siempre en estas situaciones- en un formidable 'leverage' (apalancamiento de los resultados que surge de comprar activos financieros sin usar fondos propios, tomando créditos garantizados por esos mismos activos). El otro factor, ligado a ese apalancamiento, es la proliferación de vehículos de inversión y derivados que ha significado un crecimiento de los activos financieros por encima aún de la fuerte suba de los activos reales a ellos vinculados.
Otro elemento es el descenso a niveles minúsculos de los premios por riesgo, como es el caso del riesgo-país de naciones como Ecuador -al borde de un default - o de la Argentina, que ha repudiado deuda por decenas de miles de millones de dólares correspondientes a holdouts .
Por último tenemos la exorbitante y siempre creciente magnitud del endeudamiento estadounidense, con las consiguientes dudas sobre la disposición de los inversores a refinanciar y ampliar continuamente ese crédito. Por cierto que algunos eventos permitían avizorar la proximidad de resbalones más serios: el previsible derrumbe inmobiliario en EEUU no representó un acontecimiento menor a la hora de estimar la evolución del resto de la economía más grande del mundo.
El apalancamiento negativo que genera la explosión de la burbuja inmobiliaria tiene un serio impacto sobre el mercado del crédito hipotecario y financiero en general.
La caída de los bienes raíces está aún lejos de concluir debido al lag existente entre el momento en que se inicia una obra y su finalización: esto significa que grandes cantidades de nuevas viviendas -iniciadas con posterioridad al derrumbe- continuarán inundando un mercado que ya es claramente excedentario. Por lo tanto, cabe esperar que la caída de los valores y la paralización del sector se prolonguen y acentúen al menos en los próximos seis meses.
Mientras las caídas de los activos puedan ser absorbidas por los inversores apalancados no se producirá una reversión del 'leverage', que implicaría una difusión y realimentación a ritmo exponencial de las pérdidas.
Tal como vinimos sosteniendo en los últimos meses, al alertar sobre las consecuencias globales de un aterrizaje más brusco que lo esperado, los mercados de materias primas y commodities agropecuarios acusaron el sacudón.
Si bien el shock de la semana pasada no alcanza a constituir aún la reversión de un ciclo, puede ser su preludio, y debe quedar claro que no somos inmunes a una crisis externa.
Habíamos destacado los inocultables vasos comunicantes entre la economía estadounidense y los gigantes emergentes asiáticos, como también advertimos la falta de realismo de un supuesto aislamiento local a un crack externo.
En las crisis, activos que no están relacionados entre sí pueden comportarse de manera parecida; el vínculo lo pueden dar los lazos económicos y financieros existentes entre los inversores de esos activos.
El alza del yen está estrechamente ligada a la caída los mercados. Ella se debió a liquidaciones de carry trade para cubrir pérdidas en activos de riesgo. Las bajísimas tasas japonesas habían estimulado el endeudamiento en yenes para fondear compras de activos de alto rendimiento nominados en otras monedas, que ahora se revierte.
Este fly to quality , resultante en una liquidación de activos en baja y recompra de yenes revaluados, puede dar lugar una peligrosa realimentación de las pérdidas.
Los fondos de inversión especializados en mercados emergentes sufrieron una sangría de casi 10.000 millones de dólares la semana pasada.
La soja tuvo la semana pasada el mayor derrumbe del año y se observó una marcada corriente vendedora por parte de los fondos fundamentales (especializados en cereales y materias primas). El trigo y el maíz también sufrieron pérdidas.
Ni siquiera el petróleo y los metales pudieron escapar a una repetición de ruedas bajistas en los mercados financieros.
Con poco más de un tercio del PIB mundial, una desaceleración pronunciada de EEUU -y un eventual incremento en sus barreras comerciales- tendrá serias consecuencias en las economías de China y la India.
Hemos advertido en varias oportunidades que en el caso de China se añade cierta falta de fiabilidad de la información económica y financiera oficial.
Un deterioro de la economía de los dos gigantes asiáticos impactaría seriamente en el precio de cereales y materias primas. Lo que tendría, a su vez, graves consecuencias para la actividad económica de América Latina.
A contramano de lo sostenido por muchos analistas, algunos países, tal el caso de la Argentina, Bolivia y Ecuador, no son invulnerables a un agravamiento del marco internacional.
En el caso particular de China, vinimos advirtiendo que al extraordinario e incesante crecimiento se sumaban interrogantes sobre ciertas cuestiones, como la verdadera calidad de las carteras activas de los bancos chinos.
En el último año, el índice de la Bolsa de Shangai subió un 130% gracias al enorme apalancamiento y pese a que las compañías exhiben ganancias moderadas.
El Gobierno ordenó el viernes a los bancos reducir la toma de préstamos de corto plazo en el exterior. La Asamblea Popular china discute esta semana las medidas tendientes a suavizar el crecimiento y desalentar la conformación de una burbuja financiera.
“Impulsan una reforma de los bancos estatales, la apertura financiera y el desarrollo de áreas rurales”. “El gobierno chino buscará reducir el gigantesco saldo comercial y proyecta un crecimiento de un 8% para este año, un cuarto menor al 10,7 % de 2006”. Eliminarían la intervención estatal en los precios de la energía y desalentarán -como habíamos anticipado- la inversión en industrias contaminantes o intensivas en energía.
Además su preocupación pasa por la mora que registran los préstamos domésticos, que equivalen a casi un 50% de las carteras activas.
Restricciones en la ejecución presupuestaria, más compras de divisas y renovado impulso a la demanda interna serían algunas de las medidas que algunos gobiernos latinoamericanos intentarán implementar, a los efectos de convalidar acciones soportando de la mejor manera un posible flanco débil en su estructura económica
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